Que Neiva se pinte de Colores
Lucas Mateo Vargas Vargas
Los Colores que Neiva necesita no son los matizados, propios del concreto, ni los morados, azules, verdes del papel moneda producto de la especulación inmobiliaria y las construcciones no planeadas. Ni tampoco el rojo ‘cachiporro’; ni azul godo; ni el naranja desteñido de la U; partidos políticos, todos, con falsas ideas de desarrollo. Los Colores que necesita la ciudad son: el verde del paisaje y de la coherencia de los postulados políticos del partido que gobierna la ciudad; el azul celeste y el color de la fauna y flora que se niegan a desaparecer, resistiendo a la embestida de las constructoras.
Mi historia de vida, así como la de miles de vecinos y amigos, está marcada por cada una de las fuentes hídricas que existen en lo que hoy se conoce como la comuna 10 de Neiva. Cuando llegamos a esta parte de la ciudad, cuando estos terrenos no tenían mayor valor comercial para ser urbanizados; cuando, paradójicamente, había explotación petrolera pero eso no se reflejaba en calidad de vida y servicios públicos, el agua nunca nos faltó, pues ésta brotaba por todas partes: de Las Moyas, de Los Chorritos, del río Las Ceibas, de la quebrada La Jabonera, la quebrada El Chaparro que le dio vida a la laguna de Los Colores; de los más de 5 nacederos que hay en el sector de La Media Luna. En fin, dependiendo del sector de la comuna en el que usted habitara, tenía de dónde recoger agua y eso hizo que las fuentes hídricas se preservaran, pues nadie iba a atentar contra lo que preservaba su existencia.
Pero ese paisaje se transformó, y por la fuerza, debido a una dinámica de urbanismo descontrolado y de valorización de los terrenos a conveniencia. Lo que en otrora era la periferia de la ciudad, en el caso específico del Oriente Alto (Comuna 10), ahora es un sector de especulación inmobiliaria en donde se desarrollan los proyectos urbanísticos de mayor valorización comercial. Ese tópico de desarrollo abanderado por el gremio de la construcción va en detrimento de las prácticas socio-culturales y de la identidad territorial de los habitantes de esta parte de la ciudad, pues pretende acabar con lo poco que resta del paisaje y/o privatizarlo, para que sólo unos cuantos disfruten de la frescura que una fuente hídrica puede brindar en una ciudad un poco más que caliente como la nuestra. Por ejemplo, durante el gobierno de Héctor Aníbal, lo que era parte de la zona rural de la ciudad por la vía que conduce de Neiva a Vega Larga, pasó a ser declarada, sin un POT estructurado, como zona suburbana, permitiendo así la construcción de condominios y favoreciendo al sector de la construcción, afectando las prácticas campesinas de los habitantes de la vereda el Centro, que ya no podían usar sus terrenos para sus cultivos, sino que por ‘higiene’ y ‘desarrollo’ para la ciudad, estos terrenos tenían que ser urbanizados. Pero no urbanizados de cualquier forma.
Defender la laguna de Los Colores no es oponerse al desarrollo de la ciudad, por el contrario, defender Los Colores, es permitir un desarrollo humano y ambientalmente armónico. La pelea de ayer en defensa de El Curíbano, con gobiernos mal planeados y manipulados, en parte la ganamos y en parte la perdimos. Pero la pelea de hoy, por defender Los Colores, con un gobierno que se supone, ambientalmente amigable, y por lo menos con dos concejales comprometidos en esta causa, con una sociedad organizada y consciente de la importancia del tema ambiental, la tenemos que ganar.
