Qué tienen en la cabeza
Diógenes Díaz Carabalí
No se sabe qué tienen algunos en la cabeza, el afán de enriquecimiento les hace cometer locuras imperdonables; o el afán de popularidad, o el afán sectario para congraciarse con su jefe.
Por estos días tres personajes están de moda por sus exabruptos: María Fernanda Cabal, la Representante a la cámara que mandó a García Márquez al infierno; Paloma Valencia, ave de rapiña disfrazada de paloma, con su propuesta de dividir al Cauca según las etnias; Luis Fernando Velasco, quien promovió el aumento de sueldos a los parlamentarios por encima del resto de empleados públicos las pésimas expectativas del país al futuro.
Las afirmaciones de la Cabal son salidas de tono, locas, imprudentes, ordinarias, peligrosas. Puso en capilla a una mujer víctima de las FARC, cuando saluda a un supuesto miembro del equipo negociador, siendo que pertenecía a la parte del gobierno. El mal uso de los medios electrónicos, para disparar a diestra y siniestra exabruptos, la ponen como una persona ignorante, alejada de la realidad nacional, atiza odios como en los peores tiempos de la violencia política sin inmutarse, sin reconocer sus feas equivocaciones para congraciarse con esa derecha que expele veneno por todos los poros.
Desde otro ángulo dispara Paloma Valencia. Ultra-retrograda, no concibe su vida al lado de “Indios” y “Negros”, su idea de dividir al Cauca por etnias es lo más fascista que he podido escuchar cuando la segregación, el racismo ha sido condenado desde todos los ángulos de la humanidad, por lo menos desde la visión de la gente civilizada.
Y Luis Fernando Velasco, quien promovió el aumento de salarios para los congresistas en 4.66%, cuando a los funcionarios del estado, a los trabajadores, el aumento autorizado por el gobierno fue del 2.94%. Es una canallada. Los salarios de los parlamentarios desde 1991, en términos reales –y, por derecha, de los altos magistrados y las cabezas de los organismos de control e investigación– han crecido en más de 25 millones de pesos: pasaron de 714.665 a 25,8 millones de pesos. Es decir que los salarios de los padres de la patria ha crecido sin sonrojo 37 veces; mientras el de un maestro, que a duras penas se ajusta a los cinco salarios mínimos, ha crecido 10 veces escasas. La burda respuesta ante esta situación fue: “Quien no quiera el aumento de casi $ 1’500.000, que lo done a una institución de caridad.”
Digo, no sé qué tienen en la cabeza estos tres personajes, los dos primeros jugando a la agresividad, a la guerra, al Apartheid como si desconocieran la historia y la estela de muertos dejados en el camino por la predica radical de derecha o de izquierda, con la disculpa de “Los más caros intereses de la humanidad.” Y el senador Velasco, el flamante Presidente del congreso, su egoísmo no le permite ver la situación del país, la crisis que afrontamos, la necesaria austeridad que deben practicar las entidades públicas, la miseria con que conviven miles y miles de compatriotas (para no hablar del hambre en el mundo), sus mismos electores.
