Pronósticos políticos
Edgar Artunduaga
Dice el diccionario que el acertijo es una especie de enigma para entretenerse en adivinarlo y el pronóstico una especie de conjetura. A la par con los balances llega en este diciembre la futurología.
-Pronostico que se acabará el romance del gobernador González con la opinión, saturada del carameleo y la cháchara. El derroche de labia de un funcionario fastidia tanto como el excesivo labial de una mujer pintorretiada.
-En el caso de Neiva, el alcalde Lara Sánchez cambia o lo cambian, aunque se conoce lo imposible que resulta una revocatoria. Creo más que en una rabieta de las suyas decida irse. Tiene la opción de bajarse de la nube, despojarse de su investidura divina, aceptar que el cargo no es de rey y retirar de su equipo a algunos enanos peor de arrogantes.
-Presagio uno de los mejores años para Pitalito, mi pueblo que huele a guayaba, tierra de caballos y montadores, hoy en las buenas manos de Miguel Rico: revolución en infraestructura, vías, variantes, nuevos hospitales y laboyanos unidos para celebrar el bicentenario del municipio.
-Cielo González Villa aspira al senado, como parece, y dice que no está inhabilitada. (De acuerdo, sólo desacreditada). Su fuerte opción le quita votos a Rodrigo Villalba, con quien se centrará la pelea, no sólo por su origen liberal sino “porque la diferencia entre los dos es cada día más grande”, como dice la canción. Cielo –a costa de maniobras no siempre lícitas- dispone de una chequera abultada para su campaña, además de gobernación propia y Comfamiliar de bolsillo.
-La gente se pregunta si es tan fácil que Hernán Andrade ceda su curul a Esperanza, su hermana, él tan inclinado a que todo quede en familia. Y me atrevo a pensar que sí. Si no aparece un rival fuerte en el conservatismo en el Huila (no lo veo). Si Hernán logra convencer a sus capitanes en otras regiones que su hermana es tan buena como él. Si logran conseguir el dinero que requieren sus líderes, mal acostumbrados.
-Hablando del Senado queda la curul de Ernesto Macías, consagrado exclusivamente como sacamicas del expresidente Uribe, sin votos –nunca- para ser elegido concejal de Garzón.
El sacamicas –dice Oscar Dominguez- hace de la abyección un oficio, un tic. Trepangos a morir con tal de ascender en la nómina, mejoran su ridículo currículo, son capaces de todas las genuflexiones. Rémoras sin riñón, viven del triunfo ajeno.
Espléndidos impostores. Másteres en deslealtades, al estilo Fouché, no consideran esa condición un detestable lapsus, sino exquisita virtud. Cargan la maleta, no la suya por su puesto. Prefieren andar ligeros de equipaje, para ahorrar energías que necesitarán para movilizar la de sus mecenas.
Adoptan la ideología de quien les firma los cheques. Para mejorar su fidelidad, miran horas y horas a Nick, el centenario perrito de la Víctor. Hay que prosperar en el oficio. Es parte de la estética del sacamicas".
Tomo los guantes, cojo a Macías con pinzas y lo dejo a un lado. Esa curul podría estar en mejores manos.
