Principios básicos de una democracia
Por Froilán Casas
Cuando los griegos, más concretamente los atenienses descubrieron la democracia hacia los siglos VI y V a. de C., llegaron a una etapa muy alta de evolución cultural. Lástima que la democracia ha sido tan frágil siempre. Sin embargo hoy, países como los Nórdicos (Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia); algunos del extremo Oriente (Singapur, Corea del Sur y Japón); algunos del Centro de Europa, como Suiza y Austria, son modelo a seguir para aplicar muchas cosas que allí se viven, en nuestro país. Estamos ad portas de cumplir doscientos años de vida republicana y, sin embargo, la madurez democrática está muy esquiva. Hay mucho ruido y pocas nueces.
Quiero ofrecer cuatro principios básicos para que se dé una verdadera democracia. No pretendo ser exhaustivo. PRIMERO: Gobierno de mayorías. Esto significa que en unas sanas y limpias elecciones, los electores le dan su respaldo a unos proyectos políticos, estructurados en un partido. Sus propuestas se plasman en un programa de gobierno que apunta al Bien Común. Los elegidos respetan la confianza de los electores. Gobernar al margen de los electores es una traición a quienes lo eligieron. SEGUNDO: Respeto por las minorías. Las minorías deben tener todas las garantías para tener el derecho al disenso respetuoso y propositivo. Las minorías étnicas, políticas, religiosas no pueden imponer sus criterios; los pueden vivir sin imponerlos, respetando la voluntad de las mayorías. Muchas veces la igualdad es una injusticia, los espacios se deben ganar. Dar privilegios a las mayorías o minorías, es un irrespeto al derecho a la igualdad. Debe haber igualdad de oportunidades; los resultados son diversos, dependiendo del esfuerzo de cada quien. Los espacios no se ganan por ser mujer, ser varón, pertenecer a una etnia determinada, etc. Los espacios deben ganarse por su capacidad de respuesta. El famoso equilibrio de género es un sofisma de distracción, por ejemplo. TERCERO: El voto. Es la mayor expresión de la democracia. Según la Constitución del 91, pasamos de una democracia representativa, a una democracia participativa. Todo se ha quedado en el papel. Falta madurez y cultura democrática. La gente no lee; la gente se deja llevar por consignas, emblemas. Lamentablemente, el voto sigue siendo estomacal y, con frecuencia, visceral. Algunos líderes pretenden despertar odios partidistas, recordando las cruentas luchas del pasado. Infortunadamente el mejor caldo de cultivo para domesticar el voto, es la pobreza. La pobreza es directamente proporcional a la manipulación del voto. No votar es un castigo a la democracia, quien no vota, no opta. CUARTO: La oposición. Sólo la oposición es alternativa de poder. Los regímenes totalitarios no tienen oposición. El partido único es una contradicción a la democracia, es una dictadura de partido. La alternancia de los partidos en el poder, es una garantía de madurez democrática. El elector debe castigar a un gobierno que no llenó las expectativas de justicia, honestidad y eficiencia. Con frecuencia un partido cuando se perpetúa en el poder, se corrompe. Es sano, oxigenar las organizaciones. Es sano el pluralismo político. El respeto debe ser el común denominador de todos los hombres.
+ Froilán, obispo de Neiva.
