domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-06-13 08:37

Posconflicto sin salud y con corrupción

Marco Fidel Yukumá

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 13 de 2016

En esta esquina

Los que soñamos con la paz, lamentablemente nos vamos a enfrentar con la pesadilla del posconflicto en medio de tres circunstancias que ya estamos padeciendo, y que al presidente Santos no le interesa: Los graves y dramáticos problemas que hay en la salud, el factor de la inseguridad en las ciudades y en los campos que ya no lo controla nadie, y el fenómeno rampante de la corrupción, monstruo creciente que tampoco tiene salida.

Nadie entiende cómo en un país con el sistema de salud colapsado, donde todo el mundo ya perdió las cuentas de los muertos por negligencia médica, por omisión de las directivas de las EPS y por el despilfarro de los recursos que aportan los afiliados, se puede hablar de paz. En Colombia a excepción del presidente Santos, sus ministros, los congresistas y unos muy pocos, nadie tiene garantizada la vida cuando padece una enfermedad por insignificante que sea. Todos los días hay muertos en clínicas y hospitales porque las EPS no cumplen con su deber, y más grave aún, nadie les dice nada, hacen lo que les parece en el más descarado y vergonzoso negocio que tienen, en un hecho en que las más alta instancias del poder saben y no hacen nada, dejaron que se convirtiera el servicio de la salud en un endemia permisiva y sin ningún tipo de control.

Las amas de casa, los padres de familia, los estudiantes, los trabajadores ya no solamente denuncian los graves hechos de inseguridad que padecen sino que se declaran impotentes y en estado dramático de indefensión porque la delincuencia ha montado su imperio y como los prestadores del servicio de salud, hace lo que le parece amparada en la ilegalidad, metiendo miedo  e imponiendo la rudeza de las armas como en la más sangrienta de las guerra que ha debido padecer la humanidad. Los asaltantes, los atracadores, los fleteros, las raponeros, los extorsionistas, los violadores, los abigeos y los sicarios actúan con la tranquilidad de que con el régimen del miedo que han impuesto es suficiente para vivir de la ilegalidad. Además están seguros de que si son capturados la justicia los deja libres bajo el manido mote de que “no representan ningún peligro social”.

La corrupción sobre todo, en las esferas públicas, ya es una carrera con visos de legitimidad. Todos sabemos que los políticos en su inmensa mayoría la ejercen, y hemos aprendido que es una práctica normal propia de cada cuatrienio, y que quien deja pasar la ocasión para sacar provecho de las ventajas del poder no está dentro de ese esquema ilegitimo, pero aceptado como el mejor estratega de viveza, habilidad y buen político. Quienes defienden en esta jungla de sinsabores, la ética y la moral son simples socarrones de la sociedad, espectadores de una realidad acribillada.

Yo no sé si este panorama de muerte provocado por la inexistencia de un sistema de salud, de miedo causado por la más pavorosa inseguridad y de complicidad evidente con la corrupción es el adecuado para pensar en el remanso de paz que anuncia el presidente Santos con la firma de los acuerdos en la Habana. Debería en aras de la coherencia, y por vergüenza  obligar a los operadores de la salud del país por lo menos a reducir las cifras de muertos diarios,  a los organismos de seguridad a garantizar el orden mínimo, y no hacerle más el juego a los corruptos que rodean todas las entidades del sector público del país. De lo contrario, la paz no será más que un pretexto político.