viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-04-12 08:26

Por la dignidad de un pueblo

La sociedad colombiana de los últimos cincuenta años, tiene como derroteros de su política institucional, una pésima educación, la controversia social, el desconocimiento de los derechos del otro y por consiguiente, la generación de violencia sin distingos sociales,

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 12 de 2014

éticos o morales, en una palabra, es el fomento de la corrupción, de la burocracia partidista y el desconocimiento fundamental de los seres humanos, de sus méritos y por ende, de los derechos denominados hoy: derechos fundamentales de los ciudadanos.

Ahora cuando se evidencia a nivel mundial que ocupamos uno de los últimos lugares en el proceso educativo es cuando entendemos que el actual gobierno tenga como Ministra de Educación a una persona especializada en finanzas, economía o actividades comerciales, ya que esta para manejar la educación como un negocio y proyectar las formas de contratación altamente rentables, antes que ser generadora de proyectos donde el estudiante, los docentes y la sociedad, encuentren la base fundamental para la formación de los individuos y por consiguiente para la construcción de una sociedad basada en el respeto, en el desarrollo de la inteligencia y en el fomento de la investigación.

Y pensar que la Presidencia de la República, por intermedio de su candidato procure dentro de su agenda política, usar esta circunstancia como caballito de batalla para su actividad proselitista, y el pueblo colombiano, ayudado por su ignorancia, su forma de arrodillamiento ante el detentador del poder, se apreste a reelegirlo para continuar con la venda en los ojos, ciegos y perdidos en un laberinto como el que hemos vivido y que ha permitido la vigencia de un Congreso corrupto y de personas que no son representativas de nuestro proyecto de vida, de nuestros sueños y de nuestra concepción de Libertad, de Paz y de Patria, es el peor legado que podemos tener y la más clara y evidente demostración de que no sabemos qué está pasando en el país o de que es lo que hacen nuestros dirigentes.

Como fruto de todas estas cosas, la violencia se torna en el árbol generador de nuestras relaciones sociales, hemos perdido la capacidad de convivir en sociedad y recurrimos a las armas más letales en la forma de hacer justicia por mano propia, sin que una Administración de Justicia esté al alcance de nuestros ciudadanos, y que haya políticas de seguridad ciudadana, que estén dispuestas a contribuir en el esclarecimiento de todas esas conductas que atentan contra el ordenamiento social.

En ese proceso de caos, de violencia, que son la antesala de la inestabilidad social que hemos vivido y que se traduce en una búsqueda infructuosa de paz y de convivencia social, es cuando descubrimos que hasta la posibilidad de cohabitar con el otro, se torna en un proceso político, en el cual, se busca sacar provecho, utilizarlo para beneficio propio, lo cual solo es posible con nuestros dirigentes como los que tenemos en nuestro Estado anti-social de Derecho para unos pocos.

Surge entonces la necesidad de buscar líderes que desde la provincia tengan un perfil de honestidad, de respetabilidad y de credibilidad por su gestión, donde ese lema del rescate de la dignidad de nuestro pueblo, sea la base para luchar contra la corrupción y las formas que direccionen una educación al servicio de las comunidades, un proceso de convivencia y sea generador de ese sueño de paz y que con un esfuerzo colectivo, nos regrese la esperanza por un nuevo amanecer, y dentro de nuestras provincias, tenemos esos hombres y mujeres que se propongan ser un punto de encuentro para que emprendamos entre todos, la gran cruzada nacional del rescate de lo nuestro y de defensa de nuestros derechos y libertades, desconocidos hoy el por el gran gobierno y replicado hasta en los más apartados rincones de la patria con dirigentes que no son más que símbolo de esa forma del delito enmascarado en la administración pública que tenemos a nuestro alrededor.