Por estos días santos
Por Froilán Casas
El mundo cristiano celebra por estos días el hecho histórico de la muerte y resurrección del Señor. A diferencia de otras religiones, el judeocristianismo enseña que Dios es quien ha tomado la iniciativa de buscar al hombre. Tanto ama Dios al mundo que envió a su Hijo para salvar al hombre. Se hizo igual a nosotros, menos en el pecado.
Para fortuna nuestra, en Colombia los días jueves y viernes santos, son festivos. Pero, ¡cómo desaprovechamos el tiempo! Estos días son una bonita oportunidad para hacer un pare en el diario ajetreo de nuestra vida, para dedicarnos contemplar y saborear el amor que Dios nos tiene. El jueves santo recordamos que Jesucristo instituyó dos grandes signos de salvación: la Eucaristía y el Orden sacerdotal, éste enmarcado dentro del lema del servicio, - el lavatorio de los pies -. El viernes santo, recordamos que Jesús murió por nosotros. En su experiencia de dolor constatamos, ¡cuán malvado ha sido el hombre! El Inocente es víctima de los más crueles suplicios. No seamos tan ingenuos al creer que por la compasión que nos pueda causar los filmes de la pasión, ya nos identificamos con Él. Quienes lo aclamaron el domingo de ramos, son los mismos que vociferaban el viernes santo: “crucifícale”, “crucifícale”. Ahí estamos reflejados nosotros. Nosotros matamos a Jesús cuando no pagamos el salario justo y a tiempo; cuando vivimos denigrando de nuestros vecinos, de nuestros compañeros de trabajo y de nuestros jefes; cuando le robamos tiempo a la empresa, llegando tarde y de mala gana a atender a los clientes que están haciendo fila desde muy temprano y que gracias al aporte de ellos recibimos nuestro salario; cuando aprovechamos el poder que tenemos, para humillar a los demás. Por todo esto y mucho más, sufre Jesús. Todo lo que se haga contra el prójimo, se hace contra Jesús. Igualmente, todo lo que se haga en favor del otro, lo hacemos a Jesús. Ahí está el termómetro del juicio de Dios. No nos lavemos las manos como Pilatos, para justificar el mal que hacemos, echándole la culpa a las circunstancias.
Amigo lector: los días santos no son días de carnaval. Son días de contemplación, de meditación, de compartir con la familia, de orar en familia. Son días para agradecerle a Dios tantas bondades que Él nos prodiga. Sí, vaya a la playa y a la montaña; pero dedíquele también un tiempo a dialogar con Dios, escuchar su Palabra y degustar el infinito amor que Él nos tiene. No tenga la permanente disculpa: no tengo tiempo. Usted, ¿no tiene tiempo para Dios? A la hora de la muerte, ¿tampoco tendrá tiempo para morirse? Se le cruza con algún negocio o diversión. ¡Cuidado! Usted no sabe el día ni la hora del juicio de Dios. Dios le sigue dando múltiples oportunidades, si usted no las aprovecha, asuma las consecuencias. Entonces no se queje que Dios es injusto. Sí, Dios es misericordioso, pero a la vez, Dios es justo. Nos es lo mismo hacer el mal que hacer el bien. En el ocaso de la vida, se nos juzgará del amor, decía un gran místico español. Recuerde que como vive el presente, será su futuro. Deje de lamentarse por lo que vive hoy, usted ayer lo sembró. El mayor dolor del condenado consiste en recordar que Dios lo quiso mucho y usted no aprovechó este amor de Dios; que Dios le dio muchísimas oportunidades y todas usted las desaprovechó.
El pare de estos días santos debe ser productivo: visite a los enfermos, comparta en familia el amor de Dios, vaya al templo a orar y alabar al Señor, lea algún buen libro y disfrute con los seres queridos.
*Froilán, obispo de Neiva.
