sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-01-12 09:02

Pomponio Flato y la movilidad de Neiva

Edgar Artunduaga

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 12 de 2017

Me quedé dormido encima del escritorio, aceptando la propuesta del alcalde Rodrigo Lara Sánchez de no volver a almorzar en la casa, mientras la pereza de su gobierno le impide encontrar salidas a la movilidad de Neiva.

Por coincidencia, estaba leyendo “el asombroso viaje de Pomponio Flato”, el libro de mi amigo y admirado Eduardo Mendoza y entonces el sueño se convirtió en un disparate. 

Pomponio –no estoy seguro si era Rodrigo- se había dejado engatusar de una señora de ojos claros que le prometía conducirlo a ciertos manantiales de aguas medicinales para acabar con las manifestaciones de su indisposición, que le ocasionan dolores intermitentes, turbación, sobresaltos y estruendos impredecibles.

A partir de ahí, fueron pasando toda una serie de personajes bíblicos –quizá por mi reciente y poderosa espiritualidad.

Había una preocupación en el ambiente. A Pomponio lo querían destronar.

-Lo primero (vociferaban) es saber de dónde proceden las falsas acusaciones, si en verdad son falsas, y cuál es la causa última de la difamación.

-Eso no es importante, dijo una voz serena. Todos sabemos que los demandantes son simples peleles, se nota en su escritura, no tienen peso ni pesos.

-Pero hay que seguirles el juego, comentó Pomponio. No habiendo echo nada y habiendo perdido un año, la discusión se vuelve interesante y productiva. Otros tenemos orígenes ilustres, como si un romano se vanagloriase de descender de Eneas, o de la loba capitolina: una locura.

Pomponio, enfermo,  llegó a esta ciudad buscando las aguas milagrosas para el mal que hemos dicho. -Unos dicen que soy un hombre sabio y me llaman rabí o raboni, que en su lengua significa maestro. Otros me llaman de muchas formas.

Y tú que piensas? le preguntaron a Jesús, Jesús Garzón. –Pues que no hay justicia. “En el orden natural, al que pertenecemos todos, el animal más fuerte se come al más débil. Por ejemplo, un león, si tiene hambre, se come un ciervo y nadie se lo reprocha. Luego, al envejecer, el león pierde sus fuerzas y los ciervos se lo podrían comer si quisieran.

-No hay justicia en el orden natural. Ni en el sobrenatural. También los dioses se comen los unos a otros.

-No hay nada malo en una pregunta directa, intervine yo. ¿Quieren jugar a que lo derrocan para ganarle la partida?

-Exactamente. Tanto o parecido como la muerte del rico Epulón. Nadie miente del todo, y aun si lo hace, toda mentira contiene un elemento de verdad. O su contrario.

-Y quién mató a Epulón?, saltó al momento Mateo, con ojos picarescos. –Refrena tu impaciencia, joven Mateo. Tampoco disfrutarás las riquezas que el otro ganó con esfuerzo.

Y cuando el asunto se ponía mejor, sonaron las dos de la tarde y volvimos al trabajo. No quiero irme sin contarles que el rico Epulón no fue asesinado sino que se escapó, dejando que la culpa recayera en muchos inocentes, el hijo de Jesús, entre otros.

Y ya despierto pienso que la tal revocatoria es una pantomima, que el propio Lara está agrandando, para declarase víctima. Una cortina de humo como la discusión sobre que la gente no almuerce en casa.