miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-08-01 07:30

Política y politiquería

Por Amadeo González Triviño

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 01 de 2015

Según la legislación electoral, a partir del día 25 de julio se inició el proceso de propaganda política de esa horda inconmensurable de candidatos que recibieron extraños avales, todos a dedo, por cuanto sin mérito alguno, de la noche a la mañana se consiguieron los padrinos y se pagaron las prebendas para tan alto ministerio.

Es que en nuestro país, no se es político por convicción, por servicio, por dedicación, por solidaridad o por vocación. Se es político por corrupción, por necesidad, ante el desempleo, por querer figurar, por ambición, por herencia, o por ignorancia, menos por trayectoria de servicio a la comunidad, es decir se hace politiquería.

Es quizá ese el fenómeno que menos entiende la clase popular, que es la inmensa mayoría de los colombianos, cuando se dejan llevar por las apariencias y el fanatismo, y se aglutinan a gritar vivas a un candidato o a un grupo de personas que en nada le han servido a la sociedad o que no tienen nada más que ofrecer, que una elección en la cual tratan de cautivar incautos o de conseguir electores de ocasión, quienes muy pronto se han de olvidar de sus conglomerados para apropiarse de los recursos públicos. De esos recursos que han de destinarse a la salud, a la educación, a la vivienda, al empleo y en fin, a atender las necesidades primarias de las comunidades más vulnerables.

En todo este proceso a la Administración de Justicia tiene mucho que reclamársele, por cuanto no se concibe la idea de que los delincuentes de cuello blanco, que son precisamente los funcionarios públicos en su inmensa mayoría, en complicidad con los contratistas, queden en libertad, cuando se tienen evidencias de que han procedido a desviar los recursos públicos o han permitido el enriquecimiento propio o de extraños, con esos recursos o dineros que deben ser sagrados, que deben estar destinados precisamente a la protección de las clases menos favorecidos, entre otros, los pobres o las personas desarraigadas de su entorno social, para hacer de su vida o rescatar de ellas, un ápice de dignidad, un mendrugo de pan o una medicina para sus dolencias.

Así las cosas este proceso electoral termina siendo otro circo de las vanidades, en el cual, el periodismo sale fortalecido por la venta de publicidad engañosa que ya se observa y se recibe en los medios de comunicación, con falsas imágenes o noticias desencajadas de la realidad, sobre cada uno de los candidatos, y a su vez se descubre la forma como a muchos de ellos, se les silencia o se les oculta por ausencia de recursos para sus campañas. Es una feria económica, donde el dinero se encarga de hacer ver cualidades y calidades en los candidatos, que están distantes de su verdadera personalidad, de su verdadera razón de ser, por la cual, quieren llegar al poder.

He ahí el dilema, cuando las comunidades no entienden, como los jueces, que el manejo irregular de los recursos públicos no puede terminar siendo, un distractor de la imagen de los candidatos para convertirlos en víctimas de una afrenta, sino que por el contrario debería servir de indicador de los peligros a los que nos exponemos con tener en cuenta sus nombres en la contienda política.

Educación, cultura y civismo, son los grandes ausentes de este debate electoral, por eso es que tenemos que insistir a nuestros lectores, para que nos encarguemos de llevar una voz de alerta ante este esperpento que se nos vino encima, con candidatos que no representan a las comunidades y que lo único que pretenden, es alcanzar un poder para trasladarlo a satisfacer sus necesidades primarias en primera persona, olvidándose del lugar de origen que los vio nacer.