Plazas, Rivera, Villamil, Olga Duque
Edgar Artunduaga
Dije en una entrevista que publiqué en kienyke.com que Guillermo Plazas Alcid es el huilense vivo más grande del siglo XX, desatando la controversia y la incomodidad de quienes eligen otros nombres.
Lejos de una desmesura, me mantengo en la hipótesis e incluso la amplío a vivos o muertos. Ninguno de nuestros paisanos ha hecho tanto ni dejado tal variedad de obras y marcado más rutas y huellas perpetuas que Plazas.
José Eustasio Rivera fue grande por La Vorágine, Tierra de Promisión, sus poemas, la valentía de sus denuncias y la grandeza intelectual, truncada cuando apenas andaba por los cuarenta años.
El maestro Jorge Villamil nos dejó Espumas, Oropel y cientos de canciones inolvidables que constituyen oro puro en el folclor colombiano. Además de sus aportes en el panorama cultural de la región.
Doña Olga Duque de Ospina fue gobernadora, ministra, congresista, la mujer más brillante de su generación y la más exitosa en la vida pública nacional.
Felio Andrade Manrique fue un combativo jefe conservador, senador destacado, Ministro de Justicia y figura sobresaliente de la política nacional.
También hay personajes de éxito transitorio, perros falderos, , políticos y politiqueros de profesión, dedicados a ordeñar, cuando no a robarse el Estado.
Al escudriñar la vida de los algunos “notables”, hierven toda clase de sospechas. Algunos millonarios que no pueden explicar sus fortunas, ricos que no pagan impuestos, en tanto que los pobres pagan hasta por sudar, según mi amigo Eduardo Mendoza.
Plazas Alcid convocó la conciencia ciudadana, lideró la creación de los bachilleratos nocturnos, que dieron paso a ITUSCO y después a la creación de la Universidad Surcolombiana. Como congresista volcó sus esfuerzos para garantizar la subsistencia y crecimiento del más importante centro de educación superior del sur del país.
Puso a marchar a Neiva para demostrar que entre todos se podía construir el estadio, sin esperar ni mendigar la ayuda oficial. Enfrentó tragedias y fue el capitán de grandes propósitos regionales. Fue 24 años congresista, tres veces alcalde, ministro, embajador, constituyente. El creador y promotor de la bienal de novela José Eustasio Rivera.
Consejero amable y brillante, Plazas Alcid mantiene en su alma limpia la voluntad de no agredir y tampoco odiar. No le gusta, no le nace. No gradúa enemigos. Siempre lo acompañaron los amigos y los votos y dominaba porque sabía dominarse.
Por eso hoy disfruta, con Consuelo su esposa, su hija María Consuelo y el restante entorno familiar de una vejez plácida y feliz. Sonríe ante la madurez de sus 80 años, “esa edad del hombre que no tiene por qué ser necesariamente atormentada y dolorosa”, dice Vila Matas.
-Cuál sería su epitafio?, le pregunté en la entrevista referida sobre la vida, el amor, el poder y la muerte.
-Aquí reposan los restos de un conciudadano de buena voluntad, respondió sin pensarlo mucho.
Larga vida, doctor Plazas. Quizá puedo hacer suyas estas palabras del admirado Francisco Umbral:
-Me creerán demasiado valiente o demasiado cobarde. Lo que no entienden es la indiferencia para conmigo mismo
