Planear, planificar, ordenar
Jaime Salazar Díaz
De las tantas cosas que le hacen falta a este país, por fin, el diario El Tiempo de Bogotá editorializó el sábado pasado sobre la absoluta necesidad que tienen, sobretodo las ciudades, de prevenir con visión y orden el crecimiento rápido y desmesurado que han venido sufriendo en los últimos 20 años para ponerle una cifra a esta tragedia. No nos consuela saber que es un problema nacional. Ni siquiera continental. Es mundial. La llegada de gente a borbotones a las ciudades, especialmente a las grandes, lo están padeciendo también Paris, Londres. Nueva York, Beijing, etc y las ciudades de menor tamaño como Neiva no han sido ajenas a esta tendencia. Lo que pasa es que el problema es “el mismo pero muy diferente” como me decía una hija cuando estaba pequeña. Siempre son personas las que llegan, o familias, o una parte de ellas, esperando a hacerle campo a la otra, pero las causas son infinitas: inicialmente la atracción de las comodidades y oportunidades de las urbes en relación con la ausencia de todo en el campo; después las guerras terribles como en oriente medio; las crueles y taimadas guerrillas como en nuestro caso; acompañadas de las bandas criminales que narcotraficando no respetan en el campo la vida de nadie que se les atraviese en sus rutas detrás de los dólares. Todos llegan a vivir hacinados con necesidades de agua, techo, comida, salud, educación, transporte, etc. Entonces los servicios públicos colapsan, las calles antes amplias ahora son trochas de carreras entre dos patrones de busetas y lentas vías de exposición de las últimas burbujas enviadas desde el oriente sin cuota inicial con 200 caballos de fuerza que solo sirven para resoplar a cada metro por hora, las salas de urgencia son hospitales de guerra y los andenes, la comida primero, son plazas de mercado. En nuestro trópico donde la música bailable también es primero, los andenes son una merienda de parlantes con todo el reguetón y la champeta que les quepa a los oídos atormentados de los peatones ¡ En este caos no hay mas remedio que el orden , el orden y el orden. Pero el orden planificado, inteligente, estudiado con calma y teniendo a la mano insumos y herramientas que debe dar la misma ciudad: cifras, consumos y estadísticas serias y confiables. Puestos en manos de buenos planificadores no solo especialistas en lo físico, es decir en el terreno, sus vías y sus metros, sino también en lo económico –indispensable- lo social, lo ambiental. El tema de la movilidad es solo uno de los temas. Y no olvidar la visión de ciudad, la belleza del paisaje urbano que tiene ríos y quebradas, montañas…. Y no es solo tema de la Administración de turno, ni de concejales. Es un esfuerzo colectivo de la ciudad entera, de los líderes que quieran y puedan opinar. El plan no es para 4 años. Yo propongo que sean 22 porque en 2039 cumple Neiva ¡ 500 años de fundada! Por don Juan de Cabrera. Cinco siglos de historia no cumple cualquier ciudad en América. Y hay que tenerla bien.
