sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-05-05 09:26

Plan patriota y fast track

Ernesto Cardoso

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 05 de 2017

Es inevitable el tener que referirse a la actualidad de los sucesos que ocurren en Colombia y que curiosamente coinciden con los de la tragedia que viene padeciendo la hermana república de Venezuela.

Bien se sabe que como resultado del llamado Acuerdo Final de Paz suscrito entre el gobierno Santos con las Farc, se decidió incorporar buena parte del contenido de las 310 páginas del Acuerdo a la Constitución, a través del procedimiento especial de Fast Track o vía rápida, decisión política que fuera avalada por la Corte Constitucional en una confusa y cuestionada sentencia que ni la propia Presidenta pudo explicar en forma satisfactoria.

En Venezuela se acaba de conocer la convocatoria a una Asamblea Constituyente que el tirano Maduro pretende realizar, con el fin de reformar la Constitución Bolivariana Chavista para incorporar el PLAN PATRIOTA como una reacción desesperada a la creciente rebelión popular que exige precisamente respeto a tal Constitución, para que se convoque a elecciones libres y democráticas que conduzcan a la solución pacífica de la grave crisis institucional, social y económica causada por la ineptitud y la corruptela del régimen chavista.

La similitud o el parecido entre las dos situaciones descritas no es simple coincidencia. Corresponde a la astuta pero peligrosa estrategia diseñada por quienes inspiraron la Revolución Bolivariana que pretende extenderse en Suramérica, cuyo epicentro es indudable que ha tenido origen en la isla de los Castro, creció como espuma en Venezuela con el carisma populista de Chávez; se irradió a Ecuador, Bolivia y Argentina, contando además con el apoyo soterrado del régimen de Lula en Brasil, estrategia soportada en el abundante recurso financiero del petróleo venezolano.

En Colombia, el camino escogido fue el de la negociación política de Santos con las Farc, en el noble propósito de “ ponerle fin a 50 años de guerra “ o como se diría en el transcurso de los diálogos “ para que las Farc no sigan echando bala y mejor echen discursos”. En tal propósito, era indispensable aplastar cualquier oposición bajo el esquema de llamar “ enemigos de la paz y/o amigos de la guerra” a quienes se atrevieran a disentir de tan noble propósito que lo vendieron como alcanzar LA PAZ.

Pero claro, era indispensable sobornar a la desprestigiada clase política agrupada en la Unidad Nacional; comprar a periodistas y medios de comunicación con contratos y pautas publicitarias; seducir con prebendas a los opinadores y columnistas; socavar con halagos y lisonjas a la jerarquía de las Fuerzas Militares; acordar favores con miembros claves de las Altas Cortes;  “ engrasar” con contratos y apoyos financieros a movimientos sociales y ONG de conocidas tendencias ideológicas afines; en fin, el más vulgar clientelismo gubernamental que garantizara el éxito de tal empresa.

La verdad es que fue tan refinada la ejecución del plan que hasta alcanzó para obtener un premio Nobel con el decidido apoyo de los garantes y facilitadores de los diálogos de la Habana, el cual llegó como un oportuno salvavidas para el muribundo acuerdo gracias al triunfo del NO en el plebiscito.