Periodismo y política, alianza peligrosa
Marco Fidel Yukumá
En esta esquina
El investigador brasilero sobre medios y comunicación, José Luis Dader, advierte categóricamente que los políticos aprovechan el privilegio de los periodistas para sus propios fines, convirtiéndolos en instrumentos a sueldo, para que orienten sus intereses propagandísticos.
Por supuesto, que con esta expresión académica no se está condenando el oficio de gran gusto en algunos comunicadores y periodistas, de salvaguardar la imagen y promover el nombre de agentes políticos, sobre todo, en tiempo de campaña, o época electoral. Lo que le preocupa al profesor Dader, es la pasión con que algunos periodistas asumen esa labor, al punto que incurren en conductas, incluso, mucho más sectarias que la del propio candidato, desconociendo que en cualquier escenario en el que se mueva un comunicador se deben privilegiar los conceptos de imparcialidad, respeto y absoluta veracidad, que a su vez deben ser el ADN que identifica la credibilidad: verbo del que viven quienes se mueven en los medios de comunicación.
Resultó doloroso observar en la campaña pasada en Neiva, el fanatismo patológico con que algunos periodistas y comunicadores sociales al servicio de varias campañas políticas, asumieron su papel de promotores propagandísticos, dejando de lado los principios éticos, morales y de neutralidad que debe caracterizar el pensamiento de cualquier comunicador por ignorante que parezca. Ese carácter enfermizo se evidenció en los mensajes desafiantes, insultantes y de muy bajo calibre que emitían por las redes sociales, contra quien se atreviera a criticar a su patrón, como si no vivieran en un país que se precia de garantizar la libertad de opinión y otros derechos que tiene la gente.
En estas elecciones se evidenció el fanatismo, reaparecieron lo odios políticos de otras épocas, pero no es posible que los periodistas hayan caído en esa ignominia. Que se insulten los candidatos, que se peleen entre seguidores, que recuran a la trampa los políticos, pero no tiene sentido que profesionales de la comunicación también hayan caído en ese juego sucio de las ideas. Cualquier periodista está habilitado para asesorar y velar por la imagen de un político, no tiene nada de malo, es una labor profesional legitima, pero en lo que no pueden caer es la misma conducta del político, ni mucho menos matricularse en su partido como un fanático más, reprochando el derecho al disenso que tiene la gente, sin distingo. En las elecciones pasadas hubo momentos en que era más vulgar la pelotera entre los jefes de prensa, que entre los mismos candidatos, cosa que no se había visto en la región.
Preocupa porque lamentablemente los comunicadores que mostraron el diente de esta manera, son egresados, o estudian en facultades de comunicación, en universidades muy prestantes de la región y algunas sumamente celosas con el tema de la ética, al punto que hay maestros que le advierten a sus estudiantes que nada de lo que hay en el Huila sirve, que deben ejercer fuera de la región para que no caigan en los vicios y banalidades del departamento, pero mire, ahí están muchos alumnos arrodillados ante los políticos huilenses que cargan en su mayoría con el estigma de la corrupción y con todas las depravaciones que ya son doctrina y que algunos de los comunicadores recién formados les aplauden y comparten a cambio de prebendas, cargos y otros favores ¿Dónde queda la credibilidad del Comunicador Social del siglo XXI?
