jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-01-15 06:15

Pericongo

Por Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 15 de 2015

Si alguien sabe el origen de su nombre, que lo comparta. Imagino que se debe al capricho de alguien que se sentó en su cumbre y se le ocurrió, así, de pronto. Con esa manera particular de discriminar que tenemos, hubiera podido ser “El salto de la india”, más original, más histórico, de todas maneras señalaría el atrevimiento de insubordinación de la Cacica Gaitana al Rey y a Dios.

Pericongo es la imponencia de la naturaleza, la constancia del río que ha partido en tajo un ramal de la Serranía La Ceja, abrupta y de variado relieve, compuesta por rocas de origen ígneo, de edad cenozoica. Es un buen entorno para espejo de imponencia, para que el eco de la voz resuene en coro con el influjo del río, y ahora con el constante transcurrir de toda clase vehículos con destino sur-norte o viceversa. La espigada estampa de Pericongo hace súbditos, de allí que fuera lugar de culto para los Timanaes, altar de sus límites y aspiraciones, sacrificio a los dioses tutelares que impregnaron su piel de resistencia; de allí que Gaitana escogiera el lugar para su sacrificio en aras de la eternidad, conseguida sin duda en la leyenda insuperable de su heroísmo.

Es normal que el viajero descienda de su vehículo y capte su monumento; que pose al borde de un abismo sin fondo, receptado por las caudalosas aguas del río de la patria. No es propiamente un sitio de suicidio, no es lúdico el lanzamiento desde su cúspide, ni loa a la muerte con los amores frustrados. Por lo menos no registra la historia hechos sacrificiales de enamorados furtivos. Pericongo tiene el encanto del futuro, el desconocido empeño de lo que guardan sus entrañas, el escondite de invaluables tesoros. Tampoco es meta de escaladores, el escalador no gusta de descensos, teme a lo imprevisible, a los espíritus indios que duermen en sus grietas.

Pericongo es el escondrijo perfecto, son llevadas allí las púberes engañadas y los adolescente indomables por duendes y duendas. Los han cazado con tiples destemplados, con moñas de crines de caballo, con escobas nuevas de ramas de escoba; seres con la curva de los pies al revés, baja estatura y cabeza grande cubierta con gran sombrero de alta copa que apenas deja ver su gran ceja que cruza peluda sobre ambos ojos. Muchos los han visto, lo hemos sentido, los conocemos, se anuncian en la brisa que alienta en la resequedad de enero, para no demorar la parada, para marcar la huella de Pedro de Añazco descabezado con venganza por la Gran Cacica.

Rebasado Pericongo está el sopor del valle que se abre incontenible, el aliento del valle inmenso para una patria que lo olvida. Riquezas y riquezas rechazadas por el fin de la modernidad, abuso indiscriminado del hombre que marcha con su tierra hacia el desierto. El destierro del bosque para eliminar la sabia que lo sostiene, el apetito voraz de la explotación indiscriminada para exterminar la herencia de nuestros hijos. Por fortuna una parada rompe los lamentos y los pesimismos: unos bizcochos de achira, un quesillo fresco, una gaseosa de la región da el aliento de mirar esta tierra nuestra con optimismo, así el ceño de la historia se mueva en la tragedia.