sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-12-09 10:05

Paz imperfecta

Por Amadeo González Triviño

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 09 de 2016

Hay ciertos sectores de la comunidad que están reclamando el derecho mínimo a una paz imperfecta, como la que se pretende alcanzar con los acuerdos de la Habana, con la cual se entrega inmerecidamente un premio Nobel. Y en esa política de la inmediatez por los resultados, cualquier miga de pan, se considera suficiente para empezar a buscar la solución a los problemas de éste país.

La Paz no es total, nunca será total. La Paz es un proceso de integración del ser humano con sus semejantes y por tanto,  estamos llamados a vivir en conflicto y en permanente búsqueda por la satisfacción de unas necesidades primarias, frente a la expectativa de sueños y esperanzas que llevamos dentro.

Pero no podemos aceptar que se nos venda la paz por fracciones, por pedazos o que sea en mínimas cuotas. Necesitamos que haya políticas públicas donde el ser humano, sea la esencia y la base de la sociedad, donde la familia sea el epicentro de esa sociedad y se corresponda a todos los fenómenos de esas colectividades en acabar con esos males que nos han aquejado por siempre, sin pensar o esperar las recompensas de un cielo o un infierno como nos lo han prometido. No es el otro mundo, de existir aquel, donde se pueda alcanzar la paz total. Necesitamos erradicar la violencia y la corrupción, la impunidad y el crimen, la politiquería y la ausencia de solidaridad social.

Una poetisa respetable advertía que si encarcelamos y acabamos con todos los políticos corruptos, entonces, quién nos gobernaría, a quién elegiríamos? He ahí ese gran dilema. En el cual, la sociedad llega a considerar que sin esa clase corrupta que nos gobierna, no podemos elegir a personas que realmente se correspondan con los intereses de la patria y cumplan en lo más mínimo con los postulados de una Constitución que nos lleve por el sendero de una organización social equitativa, justa y donde los derechos humanos y el reconocimiento de la dignidad humana, sean la base esencial de nuestra convivencia ciudadana. No podemos repetir lo que dijo un dignatario de llevar la corrupción a sus justas proporciones. Es esta una forma de complacencia con ella.

Es necesario entonces depurar las ideas de nuestra sociedad que se reclama a gritos: No más corrupción, no más impunidad, no más favorecimiento a las clases económicamente más prestantes, exigimos resultados, necesitamos el acatamiento a la autoridad y al orden.

Es hora de empezar a pensar en la paz como una filosofía de vida, como una constante en la búsqueda de la satisfacción de las necesidades, sin pensar en aprovecharnos del otro, en abusar del otro o desconocer los derechos del otro. O quizá esperar que solo a unos se les aplique todo el rigor de la ley penal en menoscabo de los derechos de otros tan delincuentes como aquellos.

La paz imperfecta es un distractor propio de los dictadores o de las mentes mezquinas que se contentan con falsas ilusiones. A los ciudadanos no los podemos engañar con retorica politiquera y promesera como esa a la que nos hemos acostumbrado en el lenguaje legendario de los políticos tradicionales. Todos ellos nos han engañado, han transformado las instituciones en fuentes generadoras de riqueza para sus propios bolsillos, han puesto la cosa pública al servicio de sus intereses personales y han olvidado la urgencia y la necesidad de que dichas instituciones cumplan fines sociales en forma indeterminada y en beneficio de todos y para todos.

La paz la hacemos todos, con premio o sin premio Nobel, cuando todos tengamos como meta luchar contra la corrupción desde el quicio de la puerta de nuestras propias casas y la llevemos como una bandera y un porta estandarte hasta en el más recóndito lugar a donde hayamos de servir al otro o de ofrecer nuestros servicios a las comunidades. Solo así, un día, podemos empezar a pensar que estamos haciendo algo por la paz y que hemos dado el primer paso para alcanzarla.