jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-02-08 08:04

Paz, primero en nuestros corazones

Por Julio Cesar Triana

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 08 de 2015

Aún no se concreta –según informaciones oficiales - el tercer punto de la agenda de diálogos con las FARC EP y se ha hecho usual el protagonismo que cobran dos (2) factores absolutamente externos al conflicto armado interno: La delincuencia común y la constante violación de Derechos humanos a los que se someten poblaciones especiales y vulnerables.

En cuanto a lo primero, que creo debe ser la principal preocupación del Gobierno, todo parece indicar que las autoridades se contentan con informar mensualmente de la reducción de delitos menores y captura de sus autores, olvidando que en el diario vivir la percepción de inseguridad es tan alta como la mala imagen de nuestra rama judicial, todo lo cual lleva a pensar que cuando el conflicto armado haya cesado completamente, no pocos disidentes de aquellos grupos entrarán a engrosas o dirigir bandas criminales que como hoy ocurre en México, puede generar un problema que hace bastante tiempo le ganó la partida a los cuerpos de seguridad.

Ya en lo que respecta a la grave situación de los derechos Humanos, basta con tomar, semana por semana, las amarillistas imágenes de nuestros noticieros de TV para observar cómo el respeto por el otro y la violencia se toma lenta e imperceptiblemente el sentimiento humano en nuestro país. Mujeres ultrajadas, esposos –incluso miembros de las fuerzas de seguridad- que asesinan a sus parejas por malquerencias y últimamente, para infortunio nuestro, el espeluznante asesinato de cuatro (4) niños en la Vereda El Condor de Florencia (C).

Hay que ver cuánto valor puede tener una persona para acabar con la vida de estos ángeles que apenas entendían que el episodio que vivieron no era parte de una película de aquellas que se han tomado las pantallas de nuestros canales, hasta dónde despreciamos la vida de personas que si acaso con su llanto podrían incomodarnos; pero también hay que ver cuánto dolor y resentimiento puede sembrar este hecho en sus familias.

Al margen de lo trágico de la noticia, me preocupa cuánta inhumanidad e insensatez ronda nuestro pueblo colombiano, lo que me hace preguntar si realmente estamos preparados para el postconflicto y sobre todo, para perdonar. No soy pesimista, pero como padre, francamente no tendría como explicarle al progenitor Juliana, Samuel, Deiner y Laura Ximena, que lo sucedido es fruto de nuestra maldita sociedad.