Parapeto.- Reforma Tributaria, mermelada y corrupción
Julio Bahamon
REFORMAR: Modificar con el fin de mejorar. Creen Uds que el proyecto de Ley de reforma Tributaria integral presentada la semana pasada por el Gobierno mejorará la situación del país, cuando su estudio se le ha entregado a los Congresistas que conocen cómo funciona el aparato de engrase, el cual se hace a punta de prebendas azucaradas, debidamente cocinadas por el ejecutivo para que a pupitrazo limpio le aprueben sus desaguisados impositivos, así no se trate de mejorar, sino de tapar los enormes cráteres fiscales y las embarradas presupuestales que ha provocado conscientemente el actual ministro de Hacienda para sostener un régimen complaciente con los que tanto mal le han hecho a los colombianos?. Escuché hace unos días el audio Digital de la periodista Vicky Dávila, en el que les recuerda a los colombianos los compromisos del Presidente Santos en vísperas de su elección en el año 2.010. “Yo le puedo firmar, decía Santos, aquí, sobre mármol, o sobre piedra, en lo que quiera, No voy a subir tarifas; No voy a subir tarifas”. Mentiras!. “El 4x1.000 bajará gradualmente”. Mentiras de nuevo! Todo lo contrario, a partir de esta reforma será una carga impositiva permanente. Además el IVA subirá del 16% al 19%. Los combustibles, gasolina y ACPM regresarán al régimen impositivo regulado por el precio del petróleo en el mercado internacional. Los computadores, el internet permanente, los celulares que valgan más de $600.000, pagarán impuestos, y lo más doloroso, los tenderos, los peluqueros, los estilistas, los asalariados que devenguen más de $ 3.400.000 al mes serán gravados y obligados a declarar renta, mientras que a los grandes capitales se les ofrece un régimen especial de contribución, lo que empeora aún más el proyecto del gobierno. Los ilustrados en la materia manifiestan, con conocimiento de causa, que esta nueva reforma tributaria será contra los pobres. Pero no faltan los “enmermelados” congresistas del Senado, de la comisión tercera, que solícitos han salido a rasgarse sus vestiduras ante las cámaras, anunciando su “oposición”, de labios para afuera a la iniciativa oficial, mientras que con la otra mano están recibiendo del gobierno las dádivas oficiales para dejar pasar de agache esta reforma que es contra la economía de los más pobres del país. El gobierno garantiza con este proyecto de reforma, que mantuvo guardado durante más de cuatro años, mientras conversaba con las Farc, temeroso de que si lo presentaba antes de la firma del acuerdo se le desbarataba su manguala y se le embolataba el preciado Nobel de Paz, que necesitará corromper todavía aún más a los de siempre, en Senado y en la Cámara para lograr su cometido. Hoy el Congreso de Colombia se ha convertido en una productiva escuela de negocios sucios. El Señor Fiscal General de la Nación empeñado en combatir frontalmente este flagelo debería, digo yo con respeto, escudriñar los patrimonios acumulados indebidamente por aquellos congresistas, en los largos años que llevan en el servicio público, y a sus testaferros de oficio. Octubre 27 de 2.016. Julioba.
