Parapeto.- Invitación a los Ingenieros colombianos.
Julio Bahamón
Me animé a estudiar Ingeniería Civil cuando tuve conocimiento, en el año de 1.963, de la construcción de importantes obras de infraestructura que ya se comenzaban a desarrollar en el Huila y en otras regiones del país. Alguna vez que acompañaba a mi papá al Espinal le pregunté sobre el origen del distrito de riego de Saldaña y Coello en el sur del Tolima y me contó, orgullosamente, que esa colosal obra había sido construida por La Caja de Crédito Agrario Industrial y Minero de Colombia, entonces llamada La Caja Agraria, y que el Ingeniero Civil encargado de adelantar las obras había sido el Huilense Ismael Cabrera Gutiérrez. Los opitas nos sentimos halagados por las acciones positivas que muchos colegas han desarrollado a lo largo y ancho del país. Lo anterior me permite afirmar que nuestra Ingeniería ha sido una actividad en la que se han destacado importantes talentos del Dpto. Algunos ejemplos nos sirven para corroborar esta aseveración: El Dr Ismael Cabrera Gutiérrez ya mencionado, el Dr Joaquim García Borrero, constructor de las vías hacia el Caquetá e historiador, el Ing. y matemático Humberto Charry, el Ing Antonio José Puentes, calculista, el Ing. Ricardo Castaño, realizador los más importante proyectos de irrigaciones privadas, el Ing Ildefonso Polanía autor de la cartilla de puentes para Caminos Vecinales, el Ing Hernando Suarez Cleves, exgobernador del Dpto, el Ing Jesús Antonio Medina, exalcalde de Neiva y promotor del plan maestro de alcantarillado para la ciudad, y muchos más de las nuevas generaciones que brillan con luz propia. De ahí que no esté conforme con la afectación que a la ingeniería Nacional se le está haciendo con base en la conducta reprochable de algunas firmas criollas, es el caso de los señores Nule y Jaramillo de Conalvias dentro de lo que se denominó el Carrusel de la contratación en Bogotá, y mucho menos con la apertura indiscriminada, permitida por el gobierno nacional, a firmas extranjeras que con el solo bolígrafo en la mano y con abultadas chequeras se nos han metido en el mercado sin que haya existido el más mínimo control de los organismos asesores del ejecutivo, llámese Sociedad Colombiana de Ingenieros, o Cámara Colombiana de la Infraestructura, y ahora vemos los descalabros en las obras y la inmensa corrupción importada que afecta directamente la honorabilidad de la inmensa mayoría de nuestros profesionales nacionales. Los ingenieros estamos obligados a defendernos y a propiciar la unión de todos para rescatar el buen nombre de esta benemérita actividad profesional.
