Parapeto
Julio Bahamón
Por arte de Magia
El pasado domingo, el periódico del gobierno, El Tiempo, en enorme despliegue publicitario se ocupó en casi toda su edición dominical a promocionar el tan cacareado Plebiscito, cojo desde su nacimiento por la trampa oficial patrocinada desde el alto gobierno, y apoyada por la misma Corte Constitucional al aprobar su convocatoria violando la constitución, y vaya paradoja, violada, ni más ni menos que por el órgano legal encargado de preservar, por mandato de la ley su constitucionalidad. Nació cojo el Plebiscito desde el momento en que el gobierno resolvió en su trámite ante el congreso de la república bajar al 13% el umbral, es decir la participación de los ciudadanos por el Sí, sin fórmula de juicio, desconociendo de un plumazo lo que quedó acordado en la carta fundamental desde 1.991, vale recordar, que la participación debe ser de al menos el 50% de votantes registrados en el censo electoral. Nació coja la convocatoria del mecanismo de refrendación del proceso de paz por la profunda desconfianza del gobierno en si mismo, y en la legalidad del acto legislativo dictado desde el palacio de Nariño. Si el gobierno tuviese una pizca de confianza en lo que le está proponiendo a los colombianos no tendría por qué retorcerle el cuello a la norma original. Y el Congreso de la República, lamentablemente se prestó para legalizar el sainete estatal. Es muy triste observar como desde el poder central se ha montado toda una convocatoria maquinada, cuyo contenido no lo conocemos los de a pie, llamamiento que hace la autoridad a participar con el Sï, sin cuidarse de que la enorme masa de ciudadanos escépticos, como yo, estoy seguro, desconocemos su contenido, y esa postura administrativa, desde luego, atenta contra la inteligencia nacional. El propio Presidente Santos en declaraciones dadas el domingo anterior a Yamit Amat, en el periódico de sus mayores, manifestó que una vez sea aprobado el plebiscito, “las Farc desaparecerán para siempre”. Esto es, por arte de magia, como quien dice, “desaparecerán por encanto, sin tener que trabajar tanto”. Que ingenuidad la de Juan Manuel Santos, o que manera absurda de avasallar a una Nación queriéndola colocar al servicio de los intereses del señor feudal, inquilino del palacio de Nariño. Hace muchos años se les llamaba vasallos a los esclavos de los reyes, y aquellos hacían sin chistar lo que aquel les ordenaba. Hoy esto ha cambiado, pues el “vasallador” de marras representa a una nación con lacras peores que las de sus feudatarios o siervos. Grave para mi país, que las trampas y artimañas se prohíjen desde lo más alto del poder oficial. La costumbre de hacerlas nos lleva a creer que sus responsables hacen trampa jugando cartas en solitario, y esa conducta la están poniendo en práctica en asuntos muy delicados relacionados con la Paz de Colombia. Hace pocos días me llegó de algún lugar de Colombia una reflexión hecha por el señor Antonio Ordoñez sobre su participación en la jornada plebiscitaria; dijo lo siguiente: “Intentando contestar a una pregunta que me hicieron sobre mi voto en la próxima CITALAPLEBE, o plebiscito, la propaganda política oficial mediante el uso de la retórica y la demagogia para buscar apoyo popular apela a prejuicios, emociones, miedos y esperanza del público. Necesitar y querer la Paz es como querer y necesitar el desayuno todos los días, solo que quiero un desayuno sano, con frutas, sin químicos, sin venenos, sin tóxicos, sin elementos cancerígenos, o mejor no desayuno. Y una Paz, sin narcotráfico, sin impunidad, sin corrupción, sin autoritarismo, con trasparencia, sin demagogia y sin retórica, es la paz justa, o mejor, la que el pueblo se merece y el Estado pueda aplicar y hacer cumplir la ley. ¿Es mucho pedir, Dr Santos?. Julio 28 de 2.016. Julio Bahamon.
