Parapeto
Julio Bahamón
El Apaciguamiento
Ante la desinformación oficial, quiero decir lo siguiente: , no es que no quiera la Paz, y más aún estando bien informado, y además, de haber padecido la guerra en carne propia, mediante un secuestro en 1.997 por parte de las Farc. Afirmo: quiero la Paz, pero no una Paz romana, ni la Paz de Chamberlain. Por ese motivo, quiero traer a cuento un episodio, conocido por el mundo entero, que sucedió durante los inicios de la segunda guerra mundial, por allá en los años de 1.937 a 1.938 en Inglaterra, cuando ejerciendo como primer ministro el señor Arthur Neville Chamberlain, estableció como política exterior frente las amenazas expansionistas evidentes de Hitler y Mussolini, lo que se llamó, el apaciguamiento, con la que su gobierno quiso contemporizar con las ambiciones de los dictadores de marras, cediendo a la mayor parte de sus exigencias, para evitar de esa manera, “un conflicto generalizado en Europa”. De esa forma, Chamberlain quiso salvaguardar la Paz mundial a largo plazo, considerando que pequeñas cesiones en favor de los dictadores fascistas los disuadiría de enfrentarse bélicamente con las democracias. Así fue como aceptó la invasión de la Italia Fascista a Abisinia, y en 1.938 rehusó tomar medidas contra Adolfo Hitler después de que este invadiera a Austria, o quisiera anexar a Checoslovaquia, a pesar de que esa invasión se constituía en una clara violación al Tratado de Versalles. Miró hacia otro lado frente a la guerra civil Española y desalentó a Francia de intervenir contra el Dictador Francisco Franco. Obnubiló a los ingleses con la teoría de que “sería terrible para nosotros prepararnos para una guerra motivada por un pueblo lejano y por gentes de las que nada sabemos”. La gran prensa afín al gobierno lo celebraba como “el hombre que traía la Paz bajo el brazo”. Preocupado, su amigo Winston Churchill condenó públicamente esa actitud entreguista a los Nazis y no creyó en la tal reivindicación territorial de Adolfo Hitler, y señaló el rumbo de su Nación con la famosa frase que ha hecho historia y se constituyó en la mayor demostración de patriotismo de líder alguno en el planeta: “A nuestra patria se le ofreció entre la humillación y la guerra. Ya aceptamos la humillación y ahora tendremos la guerra”. Amigos lectores: guardando las debidas proporciones, ¿encuentra Ud. similitud de esa historia que llevó a Europa a vivir más de 7 años de Sangre, sudor y lágrimas, con la historia reciente que estamos viviendo en nuestro país, a raíz del sin número de concesiones que le ha hecho el gobierno Santos a las Farc, el grupo más violento y criminal que ha tenido Colombia en los últimos 52 años?. A cambio de qué? Yo respeto inmensamente las opiniones de quienes creen que lo concedido a esa organización homicida obedece a un proceso de paz serio que ofrece un Estado digno, bien estructurado, pensando en el bienestar de más de 48 millones de ciudadanos de bien, y no para favorecer a una minoría violenta que no nos da garantía alguna de no repetición de sus andanzas torcidas y expansionistas. Desafortunadamente, la historia cuando no se conoce, tiende a repetirse. Lo que ha cedido el gobierno a las Farc, en materia, de Justicia, de desarme de los rebeldes, de no repetición, de reparación de las víctimas, de erradicación del negocio ilícito del narcotráfico, de silencio de perdón al pueblo, se constituye en una humillación inconcebible, y por lo tanto, debemos aceptar que, nos quedaremos con la humillación y con la guerra, pues con ese mal ejemplo le abre un colosal espacio falso al ELN, al EPL, a las Bacrim, y a los desertores de las mismas Farc. Julio 7 de 2.016. Julio Bahamon.
