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Opinión/ Creado el: 2015-10-17 12:42

Parafernalia electoral

Amadeo Gonzalez Triviño

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 17 de 2015

Un país corrupto hasta la saciedad, se manifiesta en sus instituciones de igual manera. Y el caso del Consejo Electoral y la Registraduría Nacional del Estado Civil, no son la excepción.

Hemos escuchado en los últimos días, la forma como se han venido anulando inscripción de cédulas por el fenómeno propio de la trashumancia electoral, que es parte de ese proceso democrático que se ha refrendado por los vicios electoreros y que tiene funestas consecuencias en los resultados que han de verse en los próximos días.

Por qué y para qué se realiza un periodo de inscripción de cédulas, se habilitan lugares o sitios donde realizarse las mismas, con cuantiosos recursos y contrataciones a dedo por periodos de tiempo, para que finalmente dicho proceso resulte fallido y solamente se acepte o se deje vigente una pocas, sin conocerse el fundamento y la razón de ello?

El Consejo Electoral al proceder de ésta manera, está desconociendo un derecho constitucional y ciudadano como es el de elegir o el de ser elegido, y a su vez, está pasando por alto ese elemento esencial de presunción de inocencia, para verter todo en suponer o presumir que existe una tentativa de fraude electoral o de la comisión de un delito, al hacer la inscripción de cédulas, anularlas y dejar al vaivén al elector, de su capacidad de participar en unos comicios electorales. Se ordena acaso a la Fiscalía General de la Nación adelantar los procesos penales por tal situación?. Cuál es el argumento válido para que personas que de un momento a otro, se trasladan por y con ocasión de los azares de la vida, y no puedan defenderse de semejante acusación o participar de dichos procesos electorales, por cuanto el DELITO DE FRAUDE ELECTORAL se presume?

Quien ha de indemnizar a quien en este proceso? Porque sin lugar a dudas se generan costos a unos y a otros, pero parece que todo pertenece a la parafernalia de las disquisiciones absurdas con las que bautizamos a diario el papel institucional colombiano, para seguir en ese rol de las incompetencias y de los desaciertos que en procura de un mal mayor, terminan anulando o desconociendo la voluntad electoral de otros, y que en algunos casos afectan directamente a los mismos candidatos en sus propios municipios, porque hay denuncias de candidatos que inscritos por su región, no pueden votar donde quieren ser elegidos. 

Es evidente entonces que el sistema de la inscripción de cédulas, al igual que todo ésta pantomima de las campañas políticas y los avales y la refrendación ciudadana de una elecciones, termina siendo un carnaval en el cual, la inversión de los recursos del Estado, es la gran damnificada y el gran sacrificado es ese término que aún no sabemos valorar y apreciar en profundidad: la democracia.

No quiero ni imaginarme el día de las elecciones en el que miles de ciudadanos concurran a participar de sus elecciones en el lugar donde inscribieron su cédula y terminen encontrando que fue anulada su inscripción en dicho lugar, muchas confrontaciones han de presentarse y muchos candidatos que hayan patrocinado este proceso, sufrirán las consecuencias de una decisión amañada o quizá de un filtro necesario que ha de encontrar muy pronto, una solución y una variable acertada para no coartar los derechos ciudadanos de elegir y de ser elegidos.