lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-03-17 08:18

Para remover las tripas (3)

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 17 de 2016

Siempre han habido homosexuales, y lesbianas; y los habrá, sin duda. A quienes debemos respeto por su opción de vida, no discriminarlos por manifestar en público su preferencia, que tal comportamiento no les impida tener acceso, como cualquier persona, a las diversas oportunidades que brinda nuestra sociedad. Pero,, “imponer en el mundo un nuevo sistema de valores que acompañe, colabore y fomente el proceso de globalización al servicio de los intereses del mundo desarrollado”, aprovechándose de preferencia íntimas y personales, ya es una aberración; implica agresivo un plan por mostrar desde la teoría de género que ser hombre o mujer es una posición mental, como si las peras pudieran ser manzanas y las manzanas limones. Lía ese plan mostrar como normal las opciones sexuales diferentes a la definición desde los sexos, para introducir, desde lo teórico, posiciones involuntarias y conducir a hombres y mujeres a perder su diferencia, su identidad, su comportamiento, sus roles naturales con fines eminentemente lucrativos, de consumo al servicio de una preceptiva para destruir “la causa” de desborde de la población pobre: la familia.

Nunca antes esa agresividad se ha visto tan destacada en Colombia. Desde los medios de comunicación al servicio de esas políticas globales, desde la seudo-intelectualidad en un supuesto respeto a las personas que libremente han escogido tales opciones. Entonces ponen de moda las relaciones íntimas entre personas del mismo sexo, las relaciones temporales entre las parejas, el matrimonio de homosexuales y lesbianas, conexas con agresivos planes de control natal utilizando el aborto, también en últimas la eutanasia, y como una decisión personal el suicidio.

Vemos hoy que un país supuestamente multiétnico y pluricultural, tiene más representación las lesbianas que las  mismas mujeres, por lo menos titulares de dos ministerios son declaradas de tal inclinación sexual, y ellas quieren, desde su posición, imponer su pensamiento hasta a los niños más pequeños (posición del Ministerio de Educación) desde el preescolar, en una supuesta campaña por la tolerancia y el respeto. Consciente o inconscientemente, sirven a intereses del gran capital del neocapitalismo salvaje agresivo, que no cuenta en sus tripas escrúpulos para aplicar su política y, muchos, desde nuestros ángulos, servimos por ignorancia a tales intereses.

El gobierno nacional se avergüenza nombrar en puestos clave a negros o indios; mucho menos lo hace para sedes diplomáticas; pero sin empacho da participación de primer nivel a personajes incluso enfermas por sus aberraciones (caso general Rodolfo Palomino), un hecho conocido a voces pero voluntariamente ignorado por su jefe, el presidente de la república. Hoy hasta los términos están sujetos al plan de mostrar la valía de lo planteado hace cincuenta años en nefastos programas globales para optimizar el consumo, y en forma egoísta mermar la población sin importar los instrumentos: reducir la población, a toda costa en los países denominados en la época subdesarrollados, porque no les preocupa Alemania con 229 h/k2, los países bajos 504h/k2, en cambio sí Brasil con 4h/k2, y Colombia con 7h/k2. (h/k2 = habitantes por Kilómetro cuadrado).