Palos de ciego
Gloria Cepeda Vargas
Que Monineisongo le dio a Borondongo/ Borondongo le dio a Bernabé/ Bernabé le pegó a Muchilanga/ le dio a Burundanga/ le hinchan los pies… Este pegajoso meneo es más iluminador de lo que parece. Los Monenoisongos, Burundangas, Borondongos y Bernabés de la canción, son lo más parecido al desbarajuste donde la jurisprudencia colombiana, se declara una vez más en huelga de sensatez.
Esto viene a colación debido a la noticia publicada en El Tiempo del miércoles 10 de agosto acerca del sainete que en cartelera desde hace algunos meses, hace las delicias del respetable público, protagonizado por el eximio comediante, Jorge Pretelt Chaljub.
La noticia en cuestión, confirma lo cerca que respiran lo vulgar y lo sublime. Entre un pandemónium de nombres, títulos académicos, Cortes Supremas de Justicia, procesos judiciales y demás respetables estamentos, el absurdo de Ionesco y lo ridículo o macabro de esta caricatura en que se ha convertido el ejercicio judicial en Colombia, se dan la mano: una vorágine de Pachecos, Estradas, Escobares Gil, Natalias Huertas y otros togados especímenes, giran, se detienen, caen, se levantan, se arrodillan o intentan lavarse la cara, mientras el meollo de tan conmovedor drama: la Fiduciaria Petrolera hoy en liquidación forzosa, FIDUPETROL, se recata en la sombra, como dijo el poeta y el bien nutrido Pretelt, honra y prez de los desaguisados colombianos, trata de espantar a manotazo limpio, la mosca inoportuna que le ronda la oreja: los 500 millones que según malas lenguas recibió en un oscuro negociado con la fiduciaria mencionada.
Si no fuera tan fétida, la maraña Fidupetrol-Pretelt, daría para reír a mandíbula batiente y admirar las condiciones histriónicas que adornan a muchos de nuestros altos mimos y comediantes, quienes a manera de Monineisongos y Borongos vernáculos, no solo se hinchan los propios pies sino que en su desatinado revoloteo, infieren lesiones incurables a las instituciones creadas como referentes éticos y legales del país. Los mismos que con las leyes en el plato, las degluten, vomitan, embozalan o envenenan de acuerdo a sus necesidades estomacales.
No conozco la Cartilla de Ideología de Género destinada a crear ambientes escolares libres de discriminación, con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas en la escuela. Entre la polvareda levantada por su debut en las aulas colombianas, las declaraciones de sus opositores y los denuestos contra el Ministerio de Educación con la ministra Parody a proa, despiertan en mí la necesidad de abordarla. Hasta donde el sentido común pregona, la discriminación por raza, sexo u orientación sexual distinta a la que consideramos única salvaguarda de la moral y las buenas costumbres, es inconstitucional y un mentís a nuestra condición de pueblo civilizado.
