sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-04-12 09:09

Palabras, tan solo palabras

Froilán Casas

Escrito por: Froilán Casas
 | abril 12 de 2017

No hablemos más de honestidad, seamos honestos. Los discursos atacando la corrupción pululan, pero a su vez, la honestidad es más esquiva, por doquier se descubren ollas podridas. Hemos perdido el sentido de las proporciones. Nos hemos acostumbrado tanto a la vida deshonesta que, resulta ser un espécimen raro no dejarse contaminar por la toxicidad del robo. Pareciera que la conciencia moral se ha encallecido; pocos tienen reato de culpa. El libro Santo no dice que quien no reconoce y se arrepiente de su pecado, no podrá saborear el perdón de Dios. No cabe duda que un tema recurrente en la próxima campaña electoral será el ataque frontal a la corrupción y muchos de quienes se escucharán sus discursos ha hecho parte de un Estado que no ha mostrado honestidad en la ejecución de los presupuestos: el despilfarro del erario es alarmante, las obras inconclusas abundan. En el conversatorio organizado por la Cámara de Comercio de Neiva, en cabeza del doctor Ariel Rincón Machado, -de paso, excelente foro y panelistas de lujo- se nos ofreció el tema de la Reforma Tributaria Estructural. Los impuestos son indispensable en un Estado civilizado. Viene la pregunta, ¿cómo se traducen los impuestos? ¿Cómo se admite un Estado fiscalizador que combate a los evasores y, al mismo tiempo, los servicios de salud para un buen número de colombianos es pésimo? No se entiende que los servicios de salud estén mal si todos los afiliados al sistema pagamos mensualmente sin ninguna dilación. ¿Qué hay debajo de ese pésimo servicio si los clientes son cautivos y deben pagar? Bueno,  enhorabuena SISBEN que pagamos los de régimen contributivo. El Estado no da nada gratis, todo lo pagamos los contribuyentes. El Estado lo único que hace es administrar la tributación. Y hay que ver, ¡qué administración! Da gusto pagar impuestos cuando ellos se traducen en buenas vías, buenos servicios públicos, buena educación, excelente servicio de salud. En los países del Extremo Oriente: Japón, Corea del Sur y Singapur, todo marcha bien, no se ve pobreza, porque el Estado retribuye al contribuyente con excelentes avenidas, viaductos, túneles, régimen pensional, recreación, etc. Allá sí se ven los impuestos. Se propone combatir a los evasores, eso está bien pero, ¿qué estímulo hay para quienes tributamos, si encontramos en las carreteras cráteres que ponen en peligro nuestra vida? En los países nórdicos, a saber: Noruega, Suecia y Finlandia, que tiene un alto nivel de vida, la gente vive en un sano bienestar y ve reflejados sus tributos en buenos servicios públicos. Estamos ad portas de celebrar el bicentenario de la independencia y Colombia vive sumergida en el más flagrante subdesarrollo. Se hacen foros, se escriben artículos y columnas, se establecen leyes y la corrupción sigue galopante. Se dice que Colombia perdió por el concepto de corrupción el año 2016 alrededor de 23 billones de pesos. ¿A cuánto asciende la reciente reforma tributaria? Un Estado es terrorista cuando no atiende las demandas de los ciudadanos. Un funcionario público es constructor de violencia cuando maltrata a los ciudadanos que acuden a un servicio del Estado. No se hable más de honestidad, seamos honestos.