Póngalo en modo avión
Froilán Casas
Apliquémosle a la vida diaria este sistema para que les respetemos la vida y la privacidad a los demás. Usted, ¿por qué les impone su música y gustos a los otros? El modo avión evita la interferencia en las comunicaciones de la aeronavegación, si no se aplicara esta prevención técnica, podría haber accidentes irreparables. Llevemos estas técnicas a las relaciones interpersonales. Si hay algo molesto es el estar pegado a los celulares y a todos los medios de comunicación con el exterior. Se deberían prohibir en los lugares de trabajo el uso de estos importantes medios de comunicación. La gente debería concentrarse en lo que está haciendo, así hace el trabajo más productivo y se agilizarían los procesos administrativos y operativos. El estar pegados a estos aparatos impide el desarrollo normal de las tareas asignadas. Las incómodas y molestas filas en muchas oficinas del sector público o privado, obedecen a las “ocupaciones” de los funcionarios atendiendo los comentarios de los partidos de fútbol, los aconteceres de la familia y la vida privada de cada persona. Si usted tiene determinadas aficiones y gustos no los imponga a los vecinos, ellos también quieren su propio espacio. Usted tiene sus límites, hasta los animales fija territorio. El respeto al territorio ajeno es un buen camino de convivencia. Veo que está en el parlamento la propuesta de una reforma al Código de Policía. Este documento no es otra cosa que una buena herramienta de convivencia ciudadana. Qué bueno que la policía tenga la facultad de hacer silenciar a los perturbadores del silencio familiar. Hay conjuntos cerrados en donde ya resulta difícil conciliar el sueño a causa de los ruidos estridentes del vecino y si por ahí queda un lugar de oraciones esquizofrénicas, ¡ni hablar! Hay personas que compran un equipo de sonido de “última generación” y lo quieren dar a “conocer” a sus vecinos. ¡Ah, la ignorancia es atrevida! Quien no ha visto a Dios, al verlo se asusta. Las calles nuestras en donde podría el ciudadano caminar disfrutando los lugares, ya son espacios inhóspitos, llenos de bullicio. El alto volumen de los aparatos electrónicos de música, aturden a cualquiera, superando la capacidad de decibeles que pueden aguantar nuestros órganos auditivos. ¡Qué cultura tan ruidosa! ¿Quién nos cambiará? Definitivamente, mucho ruido y pocas nueces. Los sabios y las personas disciplinadas buscan espacios en donde la mente pueda construir pensamientos y proyectos de vida. El ruido puede resultar como una especie de narcótico para adormecer los problemas y no enfrentarlos para dar soluciones. Fray Luis de León en su famosa obra, Oda a la Vida retirada, nos dejó este sabio mensaje: “¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!”. En los países altamente desarrollados, aparece a la par un desarrollo cultural. Usted puede andar por las calles y no aparece ningún vocero ofreciendo a todo timbal productos y cachivaches. En los buses y taxis se respeta la privacidad y el gusto de los usuarios. La contaminación auditiva y visual está totalmente prohibida. Sea cívico, respete a los demás.
Froilán, obispo de Neiva.
