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Opinión/ Creado el: 2015-09-16 11:25

Otra mártir del periodismo huilense

Delimiro Moreno

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 16 de 2015

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También el periodismo del Huila, generalmente tan arrodillado  ante el capital, tan obsecuente con los poderosos políticamente, tan temeroso ante los corruptos, tan fiel a sus  candidatos, ha tenido mártires que por haberse salido de estas reglas, han sido víctimas de su firmeza y valentía en la lucha contra  esos poderes.  La última, casi una niña  de 25 años, Flor Alba Núñez Vargas, cayó en Pitalito el jueves 10 de septiembre de 2015. Pero son muchos más. Empecemos por el mártir de la Independencia nacional, fusilado el 19  de octubre de 1816  por los españoles, porque su anhelo de libertad se expresaba en los rudimentarios medios de su época, el prócer giganteño José Miguel Montalvo, poeta y abogado, además. Y sigamos con acaso el más insigne de todos ellos, Reynaldo Matiz,dirigente industrial, sindical y político, pero ante todo periodista, fundador de los semanarios La Tenaza, La Palabra y Renacimiento,  sacrificado el 1° de noviembre de 1924 en las calles de Neiva, sin que su victimario fuera castigado, tan poderosa era entonces su familia. En la tenebrosa época de la violencia partidista (1947-1957), en Palermo, es asesinado Paco Collazos el  periodista “nocherniego  y bohemio, magnánima inteligencia y corazón puro”, al decir de Augusto Ángel Santacoloma. El 16 de noviembre de 1998 cae en Pitalito el periodista de Radio Sur y educador Nelson Carvajal Carvajal, y 17 años después de cometido, el crimen  sigue  impune como impunes siguen los asesinatos de Wilson Peña Pérez, exalcalde de  Gigante y periodista abatido el 7 de septiembre de 2001; Gilmer Perdomo Zamora, también  giganteño, acribillado en  la puerta de su Emisora Panorama Estéreo  el 2 de diciembre de 2002, y el asesinato, el 9 de febrero de 2008, en Algeciras, del concejal y periodista Manuel Arturo Macías, una joven promesa del periodismo huilense, truncada prematuramente. Nada sabemos de  las investigaciones de  estos  crímenes que en su  momento conmovieron lo más  sano de un gremio que tanto aporta al  desarrollo del Huila, cuyo  silencio ante ellos, disminuido un poco en el caso de Flor Alba,  quizá se deba más al temor por las represalias de  los poderosos delincuentes  que a cierta  complicidad, que nos negamos a aceptar.

Pero el más clamoroso de todos, por las características  del asesinato, por obra de dos cobardes sicarios que acabaron con la vida de  Guillermo Bravo Vega, va a cumplir 10 años de impunidad el próximo 28 de abril. Según las denuncias de su hijo Juan  Carlos, contenidas en un libro especial que no ha tenido la difusión que merece, "Revelaciones de un Magnicidio - Crimen del periodista Guillermo Bravo Vega": “El Fiscal Noveno de Derechos Humanos de la Fiscalía General de Nación, Alberto Reyes,  quien investiga el asesinato, fue contundente al señalar que el caso sigue vivo pese a las muertes de varios de los testigos claves que han venido siendo eliminados para no dejar huella del crimen.
Aunque no se han establecido los determinadores, según el Fiscal se ha ido avanzando en la recopilación de información clave que puede dar alguna claridad. El asunto es que los sabuesos de la Fiscalía han estado en varias oportunidades en Neiva recabando todo tipo de información y de fuentes que han ido reconstruyendo la historia del crimen ejecutado por sicarios pagos el 28 de abril de 2003 hacía las 7:45 de la noche cuando el periodista trabajaba en su residencia ubicada en el barrio Virgilio Barco de Neiva. Han pasado 12 años desde aquella oscura noche en que los sicarios fueron por el hombre que fue capaz de enfrentar a la corrupción en el Huila con las evidentes consecuencias, su asesinato por mentes maestras que de alguna forma han logrado evadir la justicia”.

Esperemos que se haga  justicia  en  todos estos casos. Y que tanto el crimen contra Flor Alba  Núñez Vargas, como contra los colegas asesinados, algún día sea esclarecido y sus culpables  castigados. Por fortuna, parece  que estamos despertando y que el asesinato de Flor Alba logró ese  milagro. Ya, al menos, protestamos con más energía.