Otra mártir del periodismo huilense
Delimiro Moreno
Impactos
También el periodismo del Huila, generalmente tan arrodillado ante el capital, tan obsecuente con los poderosos políticamente, tan temeroso ante los corruptos, tan fiel a sus candidatos, ha tenido mártires que por haberse salido de estas reglas, han sido víctimas de su firmeza y valentía en la lucha contra esos poderes. La última, casi una niña de 25 años, Flor Alba Núñez Vargas, cayó en Pitalito el jueves 10 de septiembre de 2015. Pero son muchos más. Empecemos por el mártir de la Independencia nacional, fusilado el 19 de octubre de 1816 por los españoles, porque su anhelo de libertad se expresaba en los rudimentarios medios de su época, el prócer giganteño José Miguel Montalvo, poeta y abogado, además. Y sigamos con acaso el más insigne de todos ellos, Reynaldo Matiz,dirigente industrial, sindical y político, pero ante todo periodista, fundador de los semanarios La Tenaza, La Palabra y Renacimiento, sacrificado el 1° de noviembre de 1924 en las calles de Neiva, sin que su victimario fuera castigado, tan poderosa era entonces su familia. En la tenebrosa época de la violencia partidista (1947-1957), en Palermo, es asesinado Paco Collazos el periodista “nocherniego y bohemio, magnánima inteligencia y corazón puro”, al decir de Augusto Ángel Santacoloma. El 16 de noviembre de 1998 cae en Pitalito el periodista de Radio Sur y educador Nelson Carvajal Carvajal, y 17 años después de cometido, el crimen sigue impune como impunes siguen los asesinatos de Wilson Peña Pérez, exalcalde de Gigante y periodista abatido el 7 de septiembre de 2001; Gilmer Perdomo Zamora, también giganteño, acribillado en la puerta de su Emisora Panorama Estéreo el 2 de diciembre de 2002, y el asesinato, el 9 de febrero de 2008, en Algeciras, del concejal y periodista Manuel Arturo Macías, una joven promesa del periodismo huilense, truncada prematuramente. Nada sabemos de las investigaciones de estos crímenes que en su momento conmovieron lo más sano de un gremio que tanto aporta al desarrollo del Huila, cuyo silencio ante ellos, disminuido un poco en el caso de Flor Alba, quizá se deba más al temor por las represalias de los poderosos delincuentes que a cierta complicidad, que nos negamos a aceptar.
Pero el más clamoroso de todos, por las características del asesinato, por obra de dos cobardes sicarios que acabaron con la vida de Guillermo Bravo Vega, va a cumplir 10 años de impunidad el próximo 28 de abril. Según las denuncias de su hijo Juan Carlos, contenidas en un libro especial que no ha tenido la difusión que merece, "Revelaciones de un Magnicidio - Crimen del periodista Guillermo Bravo Vega": “El Fiscal Noveno de Derechos Humanos de la Fiscalía General de Nación, Alberto Reyes, quien investiga el asesinato, fue contundente al señalar que el caso sigue vivo pese a las muertes de varios de los testigos claves que han venido siendo eliminados para no dejar huella del crimen.
Aunque no se han establecido los determinadores, según el Fiscal se ha ido avanzando en la recopilación de información clave que puede dar alguna claridad. El asunto es que los sabuesos de la Fiscalía han estado en varias oportunidades en Neiva recabando todo tipo de información y de fuentes que han ido reconstruyendo la historia del crimen ejecutado por sicarios pagos el 28 de abril de 2003 hacía las 7:45 de la noche cuando el periodista trabajaba en su residencia ubicada en el barrio Virgilio Barco de Neiva. Han pasado 12 años desde aquella oscura noche en que los sicarios fueron por el hombre que fue capaz de enfrentar a la corrupción en el Huila con las evidentes consecuencias, su asesinato por mentes maestras que de alguna forma han logrado evadir la justicia”.
Esperemos que se haga justicia en todos estos casos. Y que tanto el crimen contra Flor Alba Núñez Vargas, como contra los colegas asesinados, algún día sea esclarecido y sus culpables castigados. Por fortuna, parece que estamos despertando y que el asesinato de Flor Alba logró ese milagro. Ya, al menos, protestamos con más energía.
