Otra clase de elecciones
Luis Alfonso Albarracín Palomino
Tuve la oportunidad de recorrer algunos puestos de votación de la ciudad de Neiva y me causó una extraordinaria impresión del desarrollo de estas elecciones, donde el constituyente primario no respaldó popularmente el Acuerdo de Paz suscrito entre el gobierno nacional y el grupo insurgente de las Farc. Frente a las demás elecciones que se han presentado, para elegir los cuerpos colegiados, gobernaciones y alcaldes, no observé el clientelismo degradante de otras épocas. No habían pregoneros, ni propaganda enarbolando las ideologías del Sí y el No. Las personas acudían libremente y tranquilamente hacia sus puestos donde les tocaba depositar su sufragio. Era un ambiente agradable porque no se presentaba en las calles, la degradante contaminación visual. No observé a los partidarios de los distintos movimientos políticos ofreciendo dádivas por sus preferencias electorales. Tampoco se veían los vehículos particulares, los taxis y buses contratados para transportar a los electores.
Las personas que estaban acostumbrados a recibir dineros de los directorios políticos, se quedaron con los crespos hechos, porque no había necesidad de convencer a sus electores de sus preferencias por un determinado candidato. Por lo tanto, considero que existió una suficiente ilustración a través de los distintos medios de comunicación, redes sociales y demás eventos académicos que se realizaron a lo largo y ancho de la geografía nacional, para difundir los postulados y el contenido de los Acuerdos de Paz suscritos en la Habana Cuba. Lo que, si era risible, era cuando encuesté a cien personas que habían decidido su voto y les pregunté si habían leído las 297 páginas del Acuerdo, y el 99% me respondió que no lo habían hecho. Inferí que todos había definido su voto, gracias a la suficiente difusión que se desarrolló durante los dos últimos dos meses por todo el país. Este ha sido el mejor ejercicio democrático que han realizado los colombianos. Hacia el futuro debemos propugnar que vayamos superando los vicios que, en otrora, han permeado negativamente las sanas costumbres y buenos hábitos de la población en este país. El gobierno nacional debe crear los mecanismos necesarios para fortalecer la cultura de los electores, que siempre primó en otras épocas de la vida republicana de este país.
