domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-08-25 08:20

Oro maldito

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 25 de 2016

La ambición por la riqueza fácil ha llevado a individuos y gobiernos a dominar pueblos; al saqueo; al asesinato. El oro ha sido causa suficiente para declarar guerras, y las guerras han arrasado culturas, pueblos, civilizaciones. América es testigo pues padeció la desgracia de contar con depósitos del metal maldito. Culturas que impresionan por su desarrollo científico, su relación cosmogónica, su estructura social fueron barridas de la faz de la tierra, y todo por la ambición del metal llamado precioso, pero que no ha sido sino instrumento de desgracias incomparables. Lo mismo sucedió en África, en Asia, en Oceanía. Colombia tiene una cruel experiencia pues sus pueblos más desarrollados, el territorio de los Chibchas, fue exterminado por los conquistadores españoles, y entre ellos mismos se mataron en busca de El Dorado, y eso que lo que llevaban los indígenas en sus narices, orejas y pectorales no era más que objetos de hojalata.

Como ha ocurrido siempre el oro, metal maldito, deja desgracia y muerte. Los conquistadores españoles, que avergüenzan a la raza humana, con vergüenza sus monumentos adornan lugares en nuestras ciudades porque no hemos sido capaces de reconocer lo que representan para barrerlos de nuestros lugares y de nuestra historia, asesinaron, esclavizaron, sometieron y todo por conseguir kilos del preciado metal, que para su desgracia, como signados por la deshonra, nunca aprovecharon. Cuenta la historia que el oro llevado por la corona española fue a parar no sé a dónde, menos a las arcas del imperio.

Hoy hemos sufrido un proceso acelerado de deterioro de nuestro suelo y nuestra agua, sin que las comunidades reciban algún beneficio, sin que el país mejore por causa del oro. Éste gobierno propuso como medio de desarrollo lo que dio en llamar “Locomotora minera”. La pretensión era concesionar el país a las multinacionales para generar riqueza que nos sacara del subdesarrollo. Ya antes las mineras campeaban por Chocó y el pacífico caucano, los lugares más deprimidos de nuestra geografía, a pesar de que el daño ecológico, de salud, y deterioro del ambiente en las zonas mineras era evidente. El estado nunca se dio cuenta, ignoró la pobreza de esas regiones, el deterioro en la calidad de vida de sus habitantes, las secuelas salubres por los elementos utilizados para su explotación que deja en humanos y animales. Tener oro ha sido la peor desgracia que nos pueda ocurrir.

Hoy las raíces del árbol maldito aparecen dispersas por toda la geografía. En todas partes las retroexcavadoras, las picas, las palas, los canaletes remueven tierra y contaminan agua. Los explotadores clandestinos invaden nuestros páramos, nuestros ríos, nuestros bosques y voltean al revés el suelo tras los granos que separan con elementos químicos nefastos para la salud. El mercurio llena nuestros ríos, una de nuestras riquezas imponderables. En la escuela nos enseñaban sobre nuestra estrella fluvial: El Magdalena, el Cauca, el Patía, el Caquetá. Pues todos estos ríos están llenos de mercurio. En Colombia se ha vuelto un riesgo tomar agua. Todos los ríos representan muerte por la ambición de la riqueza efímera del oro. Más tarde se verán las malformaciones físicas y el cáncer a granel, además del daño genético que dura siglos en manifestarse. Cruel herencia para las próximas generaciones.