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Opinión/ Creado el: 2017-05-12 09:19

Oportunismo e incertidumbre

Humberto Cardoso

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 12 de 2017

No lo quiero, no lo quiero, pero échemelo al sombrero, parece ser la consigna de algunos personajes que se encuentran privados de su libertad, con sentencias condenatorias en firme en su contra, por sus comportamientos al margen de la ley, en ejercicio de funciones públicas y otras actividades relacionadas con la política partidista, que merecieron  el reproche de las autoridades que los juzgaron, con pleno  respeto de sus garantías legales y procesales y que ahora ven en el acuerdo de justicia transicional pactado en la Habana, la opción de salir de sus problemas judiciales. A los coqueteos que le están haciendo a la Jurisdicción Especial para la Paz Sabas Pretelt, Diego Palacio y Alberto Velásquez, para quienes dar notarías para reelegir a Uribe era una  forma de asegurar la derrota militar de la guerrilla, se suma la pretensión de la defensa del hacker Andrés Sepúlveda, asesor del excandidato Zuluaga, según la cual, la interceptación de las comunicaciones de los negociadores de las Farc, realizadas en 2014 desde la sede de campaña del partido Centro Democrático, tenía por finalidad atacar el proceso de paz. Para conseguirlo deben comparecer ante la Comisión de la Verdad y contar todo lo que pasó.

Entre tanto, es inevitable hacer un pronunciamiento sobre las declaraciones del exministro Fernando Londoño, quien, en el fragor del debate surgido al interior del Uribismo, respecto de si el Centro Democrático, al cual pertenece, es o no una organización de derecha, afirmó, en su peculiar estilo, que si lo es y que su propósito es el de “volver trizas ese maldito papel”, refiriéndose a los acuerdos de paz. Por supuesto que sí es este el mayor reto de la extrema derecha, con lo cual, de conseguirlo, harían trizas también la esperanza de un  país que quiere dejar atrás una época de dolor y muerte, la confianza de la comunidad internacional que ha creído en el proceso de reconciliación de los colombianos y la ilusión de las víctimas del conflicto armado de más de medio siglo, que son el corazón del proceso de paz, que anhelan por fin, tener verdad, justicia, reparación y sobre todo garantías de no repetición.

Afortunadamente, gracias a la gestión del embajador en Washington Juan Carlos Pinzón, el Congreso de Estados Unidos, después del encuentro Trump-Pastrana-Uribe, aprobó y aumentó el paquete de ayuda a Colombia, como un espaldarazo al proceso de paz y a la política de sustitución de cultivos ilícitos, adelantada por el Presidente Juan Manuel Santos. Lo grave del asunto es que todavía no se vislumbra el candidato presidencial comprometido con la defensa del proceso de paz.