Ojo de lince
M.A.Perdomolince
Justicia Show
Hace rato la ciudadanía viene sintiéndose desprotegida de la aplicación del derecho elemental a una pronta y verdadera justicia, la cual, -todos lo sabemos- si no es pronta, no es justicia.
Los ferrocarrilados de billetes cada año más exigidos por quienes pomposamente se autodenominan “La Rama”, alcanzarían para empapelar el país o reemplazar las toneladas de folios de procesos de toda índole, acumuladas por años, esperando aquello de que “Justicia es dar a cada quien lo que se merece”, eslogan que solo sirve para adornar paredes de palacios como el de la carrera cuarta con calle séptima de Neiva, ante la incertidumbre y la atónita mirada de las miles de víctimas que son tanto los acusados como los acusadores.
Y para peor, la justicia mal aplicada –que desde luego tampoco es justicia-, cuando desde el comienzo los procesos son una letanía de burradas, sandeces, ignorancia supina o redomada mala fe, todas igualmente gravísimas.
Uno solo, uno de tantísimos, el caso David Cangrejo, el encarcelado exgerente de la ESE Carmen Emilia Ospina por un conocido escándalo. El Juzgado Cuarto Penal Municipal con función de garantías de Neiva, puso en libertad a los últimos “ajusticiados” dentro del proceso con medida de aseguramiento decretada hace cuatro meses por otro juzgado, uno de Aipe.
¿Las razones para la nueva decisión? La lista de chambonadas, errores, fallas y verdaderas tonterías cometidas por un juez facultado para encarcelar ciudadanos. Veamos: Si toda prueba obtenida violando garantías fundamentales es ilegal y por lo tanto debe excluirse del acto procesal, algo que deben saber hasta los tinterillos de garaje, -que hay muchos- ¿cómo diablos un supuesto jurista respetable, juez de la República, se salta esta primera talanquera existente entre la libertad y la cárcel?
Las declaraciones de Marcela González, testigo estrella de la Fiscalía, exsecretaria del médico Cangrejo, fueron descartadas por ilegales porque sus testimonios no fueron legalizados oportunamente, y tomados sin defensa técnica.
Los mensajes, correos y llamadas interceptadas del grupo de su confianza se obtuvieron ilegalmente, sin someterse a control de legalidad durante las 24 horas siguientes a la entrega del informe policial, afectando su validez como elemento de prueba; requisito elemental, pues si este plazo no se cumple, cualquiera podría editar, recortar, hacer montajes, etc., los dichos elementos, quitándoles veracidad y credibilidad, pues no solo entre hampones se hace trampa, como no sólo los cables de los teléfonos son torcidos.
Y así el médico, que no es santo de mi devoción y él lo sabe, fue encanado con otras personas en un operativo repleto de cámaras, micrófonos, pistolas, rugientes camionetas y declaraciones de quienes debieran ser ejemplo de prudencia, mesura, cabeza fría y lengua controlada. Es más, no debieran abrir la boca. Su papel es juzgar con los códigos en la mano.
Algo pasa en las facultades de derecho porque reiteradamente vemos jueces y fiscales con decisiones permanentemente revocadas por chambonas, incompletas, faltas de pruebas, por imbéciles. Muchos ignorantes supinos del derecho penal procesal nos juzgan y eso sí es verdadero peligro para la sociedad. Justicia lenta, lerda, nada confiable.
No sé si Cangrejo y compañía sean culpables. No es mi oficio. Pero irresponsable que haya quienes ejercen tan delicado oficio con intereses personales, ignorancia, redomada mala fe o como si fueran los protagonistas del show.
