Ojo con el chikunguña
El virus del chikunguña, que ya está presente en todos los departamentos de Colombia y en gran parte del continente, debe empezar a preocuparnos a todos y tiene que ser objeto de campañas educativas y preventivas por parte de los organismos encargados, para intentar controlar su propagación.
En departamentos como Antioquia y su capital Medellín ya se decretó la alerta epidemiológica, con lo que se faculta a las secretarías de Salud y demás organismos encargados del sector, a reorientar esfuerzos y recursos tendentes a controlar la enfermedad.
El virus del chinkunguña alarmó al país desde finales de julio cuando se confirmó el primer caso de un paciente contagiado. Desde ese momento no ha cesado su propagación y según el más reciente informe del Instituto Nacional de Salud, se han registrado casi 700.000 casos de personas afectadas con la enfermedad en todo el territorio nacional, lo que hace de la misma un riesgo de salud pública que debe enfrentar el propio Estado.
En el caso del Huila y especialmente en Neiva, donde a diario estamos conociendo de casos ya comprobados, no vemos campañas claras y contundentes encaminadas a evitar su propagación.
Sabemos que controlarlo es tan fácil como evitar el dengue, pues finalmente, aunque no sean de la misma familia, el chinkunguña y el dengue son transmitidos al ser humano por el mismo sancudo, el Aedes aegypti.
Entonces todos los esfuerzos se deben orientar a eliminar ese insecto, erradicando los criaderos, es decir las aguas estancadas, manteniendo las albercas lavadas, utilizando toldillos para dormir y fumigando periódicamente.
Pero el ejemplo debe partir de las autoridades. Si pasamos por el emblemático Parque Santander de Neiva, encontramos una pila con agua en desuso, con residuos de agua en descomposición, es decir, un criadero de zancudos en pleno corazón de Neiva, frente a la Gobernación y apocas cuadras de la Alcaldía, punto de la ciudad que a diario es frecuentado por miles de neivanos que seguramente no tienen claro el riesgo de ser picados por uno de los muchos sancudos que habitan en esta pila.
Necesitamos campañas agresivas de educación, como también que se eliminen estos ‘criaderos públicos’ pero sobre todo que se concientice a la ciudadanía sobre los riesgos de contraer la enfermedad.
Hay que destinar recursos para la prevención, con el criterio claro y sano de que es mejor prevenir que curar.
