martes, 14 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-12-10 09:49

Occidente en peligro

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 10 de 2015

La crisis que padece Occidente, posterior a la caída del muro de Berlín (1989), está más en su autodestrucción, que en las amenazas desde otras culturas. Una de las manifestaciones de la crisis, es que nuestros jóvenes toman comportamientos y creencias ajenos, de origen oriental, el budismo, el hinduismo (yoga), de “liberación espiritual” y de “espíritus superiores”, o el islam, cuando estas creencias vienen de sociedades tradicionalmente desiguales, con poblaciones sumidas en el hambre y la  miseria, de características feudales algo superado hace por lo menos seis siglos en nuestro desarrollo económico.

Hemos sufrido un sistemático desprestigio de nuestra riqueza cultural, de nuestras manifestaciones religiosas, de nuestras relaciones sociales entendidas como injustas y diabólicas. De igual manera nuestra filosofía ha hecho un gran esfuerzo por socavar la tradición histórica de cómo nuestras sociedades se han desarrollado, negando el contenido común de la naturaleza humana, para enfatizar en un modelo individualista que aparece con Descartes (1546-1650), profundizado por los teóricos de la Revolución Francesa (1789-1799), radicalizado por la dialéctica marxista y puesta a tenor por Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900). Como aplicaciones prácticas: el establecimiento del capitalismo, la revolución industrial, las revoluciones socialistas, el ascenso de Hitler al poder, la segunda guerra mundial.

Los modelos pregonados hoy, el neoliberalismo y el mercado como regulador económico, son resultantes de un prolongado proceso para convertir a la sociedad dependiente del consumo y altamente superficial. Todas las fuerzas de dominación han estado dirigidas a resquebrajar el carácter social humano; el hecho de que vivamos en núcleos pequeños (la familia), con miras a atender nichos de compra dirigidos a la infancia y la feminidad.

La aplicación de planes radicales de control de natalidad llevó al resquebrajamiento de la tradición social de occidente. Nefasto el “Informe Kissinger”, El Memorándum de Frederick Jaffe, el malthusianismo sobre control poblacional; y desde las ciencias sociales la forma contestaría  y el poder político, impetrando en una utópica de igualdad, frente a recursos escasos y mal utilizados, afán desesperado por generar riqueza fundamentada en la suntuosidad. El concepto de poder para occidente tiene un valor intrínseco a su desarrollo, y al poder ha supeditado su supervivencia. El hombre de hoy cumple con su deber, pero lamenta su estado de vacuidad.

Desde la antropología se ha socavado la tradición de su sociedad, sus creencias, su constitución. Desde la sociología se ha hecho contestatario al hombre frente a su realidad. Desde la economía se ha cosificado el pensamiento humano haciéndolo superficial. Desde el derecho se ha legislado para profundizar el nihilismo social, con el fementido argumento de los derechos individuales, en detrimento de la construcción histórica como sociedad y el bien colectivo, y desconociendo el proceso civilizador. Para detener la catástrofe  tendremos que volver sobre nuestra cultura, sobre nuestros valores, sobre nuestras creencias, si queremos sobrevivir como el núcleo humano más avanzados de la contemporaneidad. De lo contrario nos va absorber la prehistoria.