Nuevo gobierno: la misma política
Se inicia un nuevo gobierno –el bis de Juan Manuel Santos– con un nuevo congreso, pero con la misma política que ha regido a Colombia desde comienzos de la década de los noventa del siglo pasado. Aquí se aplica la máxima de Lampedusa “que todo cambie para que todo siga igual”.
Tal cual: la élite en el poder ha logrado reelegirse, embaucando a medio país con la argucia de que elegir a Santos era elegir la paz. Y, ¿qué es la paz? La paz es todo. ¿Todo? Sí, todo, dicen con rabia el gobierno y sus adláteres. Porque, cuestionar ese objetivo máximo, solo cabe en la mente ‘maligna’ de los que se oponen a “todo”.
En el trasfondo, la paz trata de ocultar que la política oficial tiene ganadores y perdedores. Seguirán ganando el gran capital financiero, las multinacionales y sus socios internos para quienes están diseñadas las medidas neoliberales de privatización y desregulación que dan garantías especiales a la inversión extranjera directa: la llamada confianza inversionista. Seguiremos perdiendo los empresarios no monopolistas de capital nacional y los trabajadores de la ciudad y el campo, sobre quienes se descargan todas las obligaciones –empezando por el pago de impuestos– y se dan muy escasos derechos.
El novísimo gobierno de Santos, trasmutó, por arte y gracia del “frente por la paz”, de impulsor de las políticas rapaces del libre comercio en prohijador de la bienaventuranza para todos, tratando de dar una sensación de optimismo parecida a la unidad que generó la selección Colombia en el mundial de futbol de Brasil, tal como lo rubrica el gobierno en sus discursos. Aunque ese cambio sea del tipo de la máxima de Lampedusa. Para los cazadores es una clásica ‘trampa cazabobos’: ahí estamos.
Porque, nadie, en su sano juicio y sin intereses protervos, se puede oponer a la paz con las ‘guerrillas’, que es de la paz que se está hablando. ¿Quién no querría que se acallaran miles de fusiles que han traído tanto dolor, sufrimiento y sangre a millones de colombianos? Pero, de ahí a santificar al gobierno santista, hay un paso gigantesco. Como dijera el filósofo antioqueño: ¡una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa!
¡Ah!, pero es que es para salvar la democracia, que está amenazada por la ultraderecha. Es que esta panda de ingenuos no se ha enterado que la política de paz, como todas las políticas fundamentales de esta neocolonia gringa, pasa por el visto bueno del Departamento de Estado. Que ya lo dio. (La visita del vicepresidente estadounidense, Joe Biden, dos días después de las elecciones, tenía precisamente esa connotación). Que, además, ya anunció que la financiación del Plan Colombia se acabó. Que si la élite colombiana quiere seguir jugando su guerra, tendrá que financiarla con recursos de presupuesto nacional, sin tocar por supuesto los privilegios impositivos del gran capital. ¿Cual democracia, entonces? La del smad, las elecciones compradas, la justicia para los de ruana, el desempleo, la pobreza. ¿Esa democracia? Que nos la envuelvan. Somos concientes que deberemos abrirle paso a las ideas progresistas que contienen las reivindicaciones del pueblo, con paciencia y sapiencia. A eso nos hemos dedicado por décadas y lo seguiremos haciendo, hasta que los colombianos se decidan a tomar en sus manos su propio destino. Mientras tanto, le haremos oposición total a las políticas neoliberales del segundo gobierno de Santos.
