Nosotros somos el rio
Por Amadeo González Triviño
En una trascendente reflexión sobre la importancia del río, el maestro William Ospina, estuvo invitándonos a participar en la defensa de nuestro patrimonio, frente a eso que algunos denominan “progreso” y “desarrollo”, cuando es miseria, muerte, desalojo y abandono, como lo que se pretende con el beneplácito de esos que se llaman gobernantes y líderes de nuestra comunidad, en la construcción de hidroeléctricas sobre el río Magdalena.
Desafortunadamente los lectores del Diario del Huila, no conocen su texto completo, el cual aparecerá publicado en nuestra próxima edición de la revista CUATROTABLAS, con ocasión de los cuarenta años de vida, desde la tarima que hemos construido para cantarle la verdad al pueblo, la verdad del amor, de la poesía y de la vida.
Consideramos que esta convocatoria a la cual tenemos que sumarnos todos los seres que estemos convencidos de los valores y la riqueza de nuestro río de la Patria, como es el río Magdalena, es un llamado de alerta para que comprendamos elementos esenciales y necesarios para salir de esa ignorancia al que nos han llevado dirigentes de turno, gobernantes e incluso, habitantes de nuestra propia región, cuando advierten que esta obra ha de generar riqueza, progreso, desarrollo y que incentivará el turismo y la cultura de nuestras gentes.
Esa mentalidad que esta de espaldas a la realidad, que construye una ideología represiva y negativa de nuestra naturaleza y de nuestro entorno, tiene que entender algún día, que las generaciones venideras han de sufrir las secuelas de esta forma de atentar contra los recursos de la naturaleza.
Repetimos con el maestro Ospina: “¿A qué se debe que los grandes poderes permitan que se obre esta gigantesca profanación? A una combinación terrible de ignorancia con arbitrariedad. “Así como el territorio no fue ordenado siguiendo pautas naturales ni culturales sino políticas y burocráticas, de modo que unos funcionarios totalmente desconocedores del territorio y de sus dinámicas, ignorantes de las necesidades de sus gentes que viven en cada región, disponen a su antojo la administración del país, así mismo gentes que no tienen conocimiento de la complejidad de la vida del río, y de la necesidad de preservar sus ciclos y de proteger sus entorno, la urgencia de salvar el gran laboratorio del agua equinoccial, creen que pueden cuadricular el río, que pueden convertirlo en una red de tuberías en la parte alta, un canal de esclusas y de presas en la que parte media y una autopista en el tramo final.”
“Piensan que el río esta solo para servir a ciertas necesidades, casi siempre ilusorias, de sus planes de desarrollo. Un desarrollo pensado al margen de la vida de los territorios, un desarrollo diseñado en función de la economía de otras sociedades, un desarrollo delirado a partir de unas prioridades empresariales, un desarrollo para el que la naturaleza no existe sino como bodega de recursos y variables financiera, un desarrollo para el que el planeta es concebido como una gran factoría de los seres humanos apenas como los obstáculos que hay que superar.”
