Nos estamos acostumbrando a todo
Me viene a la memoria una locución latina “O tempora, o mores”. ¡Oh tiempos, oh costumbres!, pronunciada por Marco Tulio Cicerón en su primera Catilinaria, en su discurso contra Catilina, quien había intentado asesinarlo. Cicerón deplora la perfidia y la corrupción de su tiempo. Así que, los tiempos se repiten.
¡Qué descomposición moral que vivimos! Lo grave es que nos estamos acostumbrando. El imaginario colectivo está aprobando aspectos conductuales que ayer consideraba degradantes y vergonzantes. Hoy las relaciones sexuales prematrimoniales no son solo buenas, sino necesarias. Robarle al fisco es signo de viveza; lo grave no es robar, lo grave es que me “pesquen”. Hoy se castiga a los puntuales, hay que esperar a los “jefes” que no han llegado. Al honrado se le llama bobo. Al hombre que es fiel a su matrimonio, es muy “zanahorio”. Al chico que no acepta la insinuación sexual, es un “gay”. La chica que no acepta acostarse con su “novio”, está “out”, pertenece al paleoceno.
Los nuevos discursos culturales que hoy se ofrecen nos van llevando, sin quererlo a aceptarlo todo. Hay líderes que tienen una capacidad de manipulación que uno se queda horrorizado al constatar cuántos ingenuamente, sin sentido crítico son víctimas de sus absurdos argumentos. Por ejemplo, no se entiende cómo un pueblo tan civilizado como el pueblo alemán, se haya dejado arrastrar por ese monstruo del Führer = Líder. Hoy la cultura hace metamorfosis increíbles. Uno no entiende cómo el pueblo azteca haya tenido un colectivo cultural de sacrificar a los efebos a su dios el sol. Así había que estar en guerra permanente con sus pueblos vecinos para traer prisioneros y extraerles el corazón y el pueblo vitoreaba tan cruel acción. Uno no entiende cómo los romanos disfrutaban el espectáculo al ver cómo las fieras se comían a los cristianos, por el terrible delito de creer en Jesucristo. Al hojear las páginas de la historia, me avergüenza la humanidad. No se entiende cómo el hombre llegue a tanto, llevado de su odio pasional y sus apetitos desordenados. Uno no entiende cómo ha habido tantos genocidios en las diferentes culturas y épocas históricas. Basta ver un hecho aberrante de este horrendo mapa. Cómo los hutu casi exterminan al pueblo tutsi en la cruel guerra de 1994. La humanidad miró estoicamente este genocidio y tardíamente entraron las Naciones Unidas a “resolver” el problema. La ambición del hombre es insaciable. Cuando el hombre no tiene a Dios se vuelve la bestia más feroz de la jungla.
Vean la alegoría de la rana, para medio entender el fenómeno de aprobarlo todo, sin darnos cuenta: una rana en un recipiente con agua y éste se pone a la estufa. La rana a medida que lentamente va subiendo la temperatura, le parece “agradable”; cuando ya esté el agua hirviendo se siente en un ambiente “desagradable”. Lo grave es que no puede saltar, ya está agotada y muere sin fuerzas. De pronto nos estamos acostumbrando a aprobarlo todo que cuando queramos protestar ya será imposible.
