No todo es cuestión de plata
En algunas declaraciones públicas se anuncia para el sector agrario $3.1 billones en el presupuesto de 2014 transfiriendo dos puntos del 4x1000;
se promete para los campesinos condonación de deudas, bajas tasas de interés y disminución de costos de los insumos agrícolas; se afirma otra vez que este Gobierno es el “…que más recursos le ha dado al Neiva y al Huila en toda su historia”; y se informa que Colombia terminó el 2013 con la segunda tasa de crecimiento más alta de Latinoamérica (4,9%) después de Perú.
Todos estos anuncios son buenos y prometedores. Pero pienso que por hablar mucho de crecimiento se nos está olvidando preguntarnos qué tanto hemos avanzado en desarrollo, pues el suministro y provisión creciente de recursos, bienes y servicios no resuelve todos los problemas y no necesariamente garantiza que se esté mejorando el nivel de vida de la gente. Sobre todo porque aún en medio de la abundancia la misma sociedad consumista se encarga de crearle a los saciados nuevas “necesidades” o insatisfacciones en el amplio campo de los caprichos y las vanidades.
Ciertos administradores públicos y líderes políticos andan entretenidos en la maraña de los presupuestos, las estadísticas, los situados fiscales, etc.; y en el bosque de lo que llaman “la gente” pierden de vista el árbol, es decir, el hombre colombiano. Por eso, una cosa es anunciar el presupuesto y el número de escuelas, de hospitales, centros de atención, juzgados, ventanillas de despacho, acometidas…y otra muy distinta es conocer que tan defendido, atendido, representado, educado y servido se siente el colombiano medio.
Estamos hablando del derecho a vivir bien, concepto que define hermosamente en su lengua nativa la Constitución boliviana en su artículo 8º.: “…suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble)”. Es el buen vivir con iguales oportunidades al trabajo, al acceso a los servicios públicos, a expresar los reclamos y derechos sin temores, sin penosas esperas, sin rodeos, sin discriminaciones, sin tutelas de por medio. Así sí es posible el bienestar y la calidad de vida de una nación.
Hace 47 años en la Encíclica "Populorum progressio", el papa Pablo VI ya afirmaba con fuerza que "el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico". Y aún hoy, a las puertas del post conflicto, es necesario enfatizarlo: no todo es cuestión de plata.
