No perder la fe y la esperanza
Orlando Parga
El día es más oscuro antes del amanecer y siempre habrá luz al final del túnel. Todos en algún momento de nuestras vidas nos enfrentamos a crisis o problemas en las que nos convertimos o sentimos en el obstáculo, el palo en la rueda, la piedra en el zapato, estamos tan agobiados por nuestras desdichas que somos incapaces de ver salidas a la situación, y la solución parece remota e inalcanzable.
La vida se nos convierte en una sin salida, una encrucijada o en un laberinto en el que nos perdemos, todo lo satanizamos, caemos en la desesperanza, el pesimismo y el negativismo.
Por ejemplo, por estos días habrá personas tristes porque ellas o sus familiares tendrán que pasar en una clínica, una cárcel, en un asilo o lejos de su hogar.
A otros, los días se les harán eternos y desdichados por su salud menguada, la falta de dinero, la pérdida del trabajo o los fracasos en el amor. Se sentirán que están condenados o predestinados a la soledad, las desdichas o la mala suerte.
Pero no hay que permitir que las vicisitudes propias de la existencia, de un mundo cada vez mas competido y hedonista, y una vida cada vez más compleja y exigente, nos sumerjan en un estado depresión y pesimismo, y que la salud mental, física y espiritual empiecen a decaer como resultado de una conjugación de emociones negativas, como el miedo, la incertidumbre, la tristeza, la soledad, etc.
Para evitar todo eso existe un remedio efectivo e infalible. Y es la alegría de conocer y seguir a Jesús recién nacido, el que nos da sentido a nuestra vida. En medio de nuestras flaquezas encontramos en Dios nuestra mayor fortaleza y fuente de optimismo. Él nos sostiene y alienta, nos ilumina y muestra el camino .
Recuerden que un estómago hambriento, una billetera vacía y un corazón roto dejan las mejores lecciones para la vida.
El optimismo, al igual que la esperanza, es la disposición de espíritu que aguarda con fe lo mejor y lo más positivo de todo. El optimismo es una actitud que nace de una convicción profunda de ver lo esencial de la vida y todas las cosas como una oportunidad. Es la diferencia entre ver el vaso medio vacío o medio lleno.
Los seres humanos cristianos y optimistas, como ninguno otro, sabrán reponerse y sobreponerse a las dificultades. Caen pero aprenden a levantarse con mayor ímpetu y determinación de salir adelante.
Si quien lee estás líneas se siente solo, afligido, enfermo, derrotado, fracasado, abatido, despreciado, desahuciado, debe saber que Dios está de su parte y llenarse de su optimismo y amor por la vida, de manera que con total seguridad pueda salir de ese estado calamitoso, como seguramente ya lo habrá logrado antes, porque estamos fabricados del mejor material y oramos día a día para que salga de ésta. Ánimo, es cuestión de voluntad, fe y amor.
Para el Padre Rafael García Herreros, tal vez el cristiano más optimista de las últimas décadas, "Esta actitud de optimismo debe ser nuestra nueva actitud cristiana. No es cristiano que estemos quebrantando totalmente la esperanza..." Y continuaba "Propongámonos una campaña de optimismo, una campaña de esperanza y de alegría. No ampliemos ni exageremos los problemas y los rumores que de vez en cuando se propalan. Esta es una buena meditación para tiempos de turbación y de tormenta."
"Que nadie diga: "¡Vamos al desastre! ¡Ya no hay nada que hacer!". Que nadie pierda la esperanza."
