No habrá paz sin propósito de enmienda
La palabra paz ha sido tan trillada que parece, ha perdido el verdadero significado. Clasificar a unos como enemigos de la paz y a otros como amigos de ella, tal discriminación subjetiva y tendenciosa, ya es una forma de violencia.
El Libro Santo está lleno de discursos sobre la paz. El mesianismo bíblico no expresa otra cosa que el anhelo de la verdadera paz. Sería prolijo adentrarnos en tan rico tema. Hay muchos componentes de la paz. Uno de ellos es EL PROPÓSITO DE ENMIENDA.
Debemos partir que hemos cometido errores y faltas gravísimas, matar y asesinar a una persona, ya en sí mismo es un acto gravísimo contra la dignidad humana. Pero no entremos en detalles, pues resultamos agrediéndonos aún más. Los pecados han sido tan horrendos que mejor es no pensar en ellos. Partamos del hecho que hemos fallado. Que no hemos sido capaces de convivir como humanos. Las fieras más feroces son capaces de convivir, no se matan entre sí. ¡Qué triste!, el hombre es la fiera más feroz de la creación. Leyendo las páginas cruentas de la historia, me sonrojo y me avergüenzo de la humanidad. ¿Quién “doma” al hombre? Por favor, para llegar a la esquiva y siempre buscada paz, además de reconocer el error, es necesario proponernos cambiar. Cambiar en este caso, es el firme propósito de no volverlo a hacer por ningún motivo. La infidelidad conyugal no se arregla con una hermosa cadena que el esposo infiel le da a su esposa el día de su cumpleaños; el problema se arregla, cuando el cónyuge infiel, sea fiel al compromiso contraído. Con regalitos no se arreglan los problemas, se arreglan con el cambio de vida. Pidámonos perdón mutuamente -los mayores actores del conflicto-, para que podamos caminar con seguridad por las calles y caminos veredales. ¿Cuándo podremos decir con el poeta bíblico que pastorearán el lobo y el cabrito? Parece muy lejano, pero hay que intentarlo. Mientras no desarmemos los corazones, no habrá paz. Mientras no haya justicia social, no habrá paz. La paz no se logra meramente con una firma. La paz vendrá si todos los colombianos nos proponemos trabajar. ¿Cuándo se acabará el Estado benefactor para llegar a un Estado que promueva el desarrollo a través del trabajo productivo? Los gobiernos populistas generan una cantidad de zánganos. Como decía algún político que admiré, -ahora no-: pongamos todos. En los países de alta cultura democrática, las leyes laborales son tan claras que casi sobran los sindicatos. En un país civilizado un trabajador y un empleador se defienden con la ley. Mientras las leyes sean amañadas y los juicios sesgados, no habrá paz.
Dejemos de soñar en la paz, si todos no cambiamos las actitudes comportamentales. Un Estado es terrorista cuando sus funcionarios maltratan al cliente, al usuario. ¿Por qué tienen que haber paros y situaciones de hecho, por no resolver los problemas a tiempo? ¡Qué tristeza! Hasta que no haya muertos no encontramos la solución. Un Estado paquidérmico es un constructor de violencia.
+Froilán, obispo de Neiva.
