No estoy de acuerdo
Helber Mauricio Sandoval Cumbe
En el primero de ellos, conocido el fin de la semana anterior, se ventilaron apartes –sí, sólo apartes- de la respuesta que dio la Oficina Jurídica Distrital a una demanda contenciosa presentada por la familia de la señora ROSA ELVIRA CELIS, atribuyéndole responsabilidad por su homicidio.A riesgo de someterme a calificativos ofensivos como parece ser lo acostumbrado en nuestro país cuando se diciente de ese riesgoso sentimiento popular que de desvanece con el viento, quiero argumentar sobre dos (2) episodios jurídicos que tuvieron lugar durante éstos últimos días en nuestro país.
A pesar que tan solo se citaban frases menores y descontextualizadas, desde el Alcalde Mayor hasta los Directores de noticiarios se fueron lanza en ristre contra la abogada que redactó aquella contestación, sindicándola de inconsulta con lo sucedido, todo lo cual llevó –según los mismos medios- a su renuncia y de paso a la de su superior inmediata.
No conozco a ésta últimas damas, no me congracio con procederes irresponsables, pero por la misma razón, no veo porqué deba reprocharse tan dura y públicamente un obrar profesional del que sólo fragmentos ha conocido la opinión pública; acaso se dio a conocer el resto de la contestación de aquella demanda, el contexto del infortunado apartado transcrito y su fuente?. La respuesta es negativa, lo que me impone moralmente abstenerme de juzgar tan severamente a las damas dimitidas, para evitar imprudencias, más aún cuando son, como lo era ROSA ELVIRA, mujeres.
El otro suceso tiene que ver con el reproche casi generalizado que se ha hecho al experto legista que declaró en el proceso penal seguido contra JONATHAN VEGA por su ataque a NATALIA PONCE DE LEÓN. La indignación de ésta valiente mujer parece haber llevado al país a reaccionar en contra de un concepto científico –no sé si pertinente de cara a la especialidad del perito- pero al fin de cuentas fundado en un método comprobable que como tal, debe respetarse.
En el otro extremo, el sentimiento de venganza, desazón y deseo de condena a como de lugar, ha llevado a descartar a priori cualquier obstáculo, por jurídico que sea, que se oponga a ésta hipótesis, haciendo de la opinión un actor casi permanente de las decisiones judiciales en asuntos judiciales como el penal, que toca con las fibras más íntimas e intangibles del ser humano.
No estoy de acuerdo con éstos arranques de irresponsabilidad e insensatez que manipulando el sentimiento social, obligan a tomar partido por una u otra posición y casi juzgar por quienes tienen esa responsabilidad. Ese escenario es el caldo de cultivo que nos ha tenido en medio de la violencia fratricida que cada vez absorbe más al país.
