NI PAZ NEGOCIADA NI PAX ROMANA
Esa es la tragedia del pueblo colombiano en esta coyuntura electoral. Porque la paz negociada que representa el presidente Santos no será posible así se firmen los acuerdos de La Habana,
pues por tratar de quedar bien con todos y especialmente por temor a Uribe le metió populismo a la paz sin antecedentes en el mundo para no asumir la responsabilidad política como gobernante de hacerla, al punto que la refrendación popular propuesta será imposible a través de un referendo, que no obtendría la votación que requiere de casi nueve millones de sufragantes en este país de abstencionistas, de la mano de no pocos enemigos de la paz como lo demostró la votación del candidato Zuluaga, que nos dejaría en el peor de los mundos sino se allana el camino para que los acuerdos de paz lleguen a ser una realidad con reformas de fondo de nuestra sociedad que por ahora siguen siendo una quimera.
Y la pax romana a la que aspira Uribe a través de Zuluaga para culminar su venganza y su proyecto político vitando con el arrasamiento físico del adversario, ya sabemos que no es posible, porque si no pudo en ocho años de gobierno con la combinación de todas la formas de lucha y la violación de los derechos humanos, menos se podrá lograr en otros cuatro, así se triplique el presupuesto militar y los falsos positivos que se pusieron en su funesto doble mandato. Y si lo imposible se hiciera posible exterminando al contrario, ello no lograría consolidar una paz duradera, pues la violencia continuaría de otras maneras al persistir sus causas generadoras, como la exclusión, la desigualdad, la concentración de la riqueza, la corrupción politiquera y la falta de justicia, que haría que nos siguiéramos matando para mantener los privilegios de la clase dominante que apoya la política de fuerza todovalista que propone Uribe.
Es decir no existe la disyuntiva que se nos plantea a los colombianos para elegir presidente de paz o guerra, pues así como están las cosas es un simple salmodio electoral sin diferencia sustancial en la realidad ante la perspectiva cierta de guerra o guerra por ausencia de una política clara de salida negociada a nuestro conflicto interno de más de medio siglo, empeñados en mantener una guerra que nadie puede ganar y que nos permitirá que no encontremos salida alguna al problema de la violencia que hemos reciclado durante casi toda nuestra vida republicana.
Siendo el panorama incierto cuando se nos pone a escoger entre dos males en la próxima contienda electoral, lo que no podemos es pensar definitivamente que la única solución sea continuar la guerra hasta el fin del fin como lo quiere Uribe y sus prosélitos guerreristas que no son pocos, cuando guerra buena es la que no se hace y la paz negociada así sea la más injusta será preferible a la más justa de las guerras, lo cual nos evitaría el sacrificio de más vidas en este país de muerte para concentrar nuestros esfuerzos y recursos para salir del atraso y la miseria.
