Ni útiles inútiles, ni currículos inútiles
José Eliseo Baicué Peña
Algunos colegios ya empezaron las labores del 2016. Otros van a iniciar la próxima semana. Y con ello, arranca en firme el proceso académico en Colombia como también los dolores de cabeza para padres de familia, profesores y, por supuesto, para estudiantes.
Hace aproximadamente 10 años que arrancó la famosa sesión Útiles Inútiles, en la que se pretendía (o se pretende, quizás) que las instituciones educativas limitaran sus requerimientos de elementos a los estudiantes. Es decir, que solicitaran los útiles escolares que realmente necesitaran los estudiantes para sus labores académicas. Confieso que la primera vez que vi la sesión en televisión me impactó positivamente puesto que había observado que eran muchas las cosas innecesarias, y hasta ridículas, que pedían los colegios.
Creo que aún continúa esa campaña, pero también creo que aún continúa la lista innecesaria, ridícula y costosa de útiles inútiles. Tampoco sé por qué? Pues a mi parecer, esa harta situación debió haberse controlado hace años por parte de la cartera educativa o de algún organismo del Estado. No creo que deba ser tan difícil controlar esos pedidos. ¿Quién los solicita?, ¿con base en qué, con el visto bueno de rectores, de directivas, de supervisores, de secretarías de educación? Debe ser que no existen los controles, directrices y normas necesarias para ello. Pues de lo contrario no seguirían las quejas de papás y estudiantes.
Pero además de esta crítica, y al parecer, inmanejable situación en el proceso de educación (¿formación también?) de los colombianos, se suma la que tiene que ver con los currículos que se imparten. Es decir, la baraja de materias o cursos que orientan los profesores en las instituciones educativas. Las materias señaladas por el pensum, como lo llaman algunos; o plan de estudios como lo conocen otros. Pero en fin, las asignaturas o materias que “tienen” que ver los estudiantes en todos los rincones del país. Léase bien, en todos los rincones del país. Sin importar textos ni contextos, sin importar imaginarios ni tradiciones, sin importar si hay conflicto o no.
El año pasado tuve que retirar a mis dos hijos de sus colegios porque el acoso escolar se volvió insoportable. Estaban viendo 14 materias. A qué horas tienen esparcimiento, en qué momento practican un deporte, cuándo comparten con sus padres? Por eso los parques hoy día permanecen solitarios y abandonados. La alegría de los niños y jóvenes ya no ameniza esos lugares. Pues tienen que estar haciendo cantidades de tareas, las cuales tienen que tener el concurso de los padres para realizarlas. Catorce asignaturas de las cuales más de la mitad son inútiles. Son sin sentido, sin funcionalidad, sin aplicación en la futura vida de los adolescentes. Soy consciente de que las matemáticas son fundamentales para todos los momentos y oficios de la vida. Eso nadie lo niega. Pero para qué carajos le puede servir a uno aprender a sacar derivadas, o desarrollar ejercicios complicados exponenciales con raíz cuadrada. Eso qué tiene que ver con la formación de ciudadanos proactivos, o en qué le sirve a un adolescente para solucionar un problema de la vida cotidiana?
Esa cantidad de materias sin mucho fundamento, que los niños y jóvenes están obligados a tomar, sumada a pobres pedagogías e injustos métodos de evaluación están incrementando gradualmente el número de estudiantes desertores. Un artículo publicado el pasado domingo en el diario El Tiempo revela que 300 mil niños y jóvenes dejan de estudiar cada año en Colombia. Esa es una verdad dolorosa. El artículo explica que la causa más generalizada tiene que ver con el desinterés que muestran los muchachos con las instituciones y sus enseñanzas.
En Japón, China y otros países asiáticos, el modelo educativo contempla solamente 5 asignaturas: matemáticas, idiomas, sociales, ciencias biológicas y tecnología digital. Con eso se defienden, con eso están logrando salir de las grandes crisis que vivieron hace 30 y 50 años, y se acercan rápidamente al desarrollo de las grandes potencias mundiales. Chile hace unos años hizo importantes cambios y hoy registra la menor deserción de América Latina y muy buenos resultados académicos.
Ojalá, muy pronto, haya cambios positivos en este sentido. Ahhh, estimado lector, si quiere comprobar todo esto, pregúntele a su hijo cuál es la mejor frase que escucha en el colegio. Él le responderá: cuando la profe dice, niños, mañana no hay clase. Luego de eso se escucha una algarabía de FELICIDAD. Por eso, no más útiles inútiles ni más currículos inútiles.
