domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-08-16 04:05

Neiva y su Cultura Ciudadana

Pedro Arias

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 16 de 2016

El profesor Paul Bromberg quien fue secretario del exalcalde de Bogotá Antanas Mockus en el periodo comprendido de 1995 a 1997 y actor determinante en el éxito de la política pública de cultura ciudadana y administrativa de esa Alcaldía, sostiene que la cultura es todo aquello que se transmite de una generación a otra por medios no genéticos. De este concepto se puede inferir que “la transmisión de la cultura es un problema educacional en el que se proyectan principalmente los valores, las creencias, los sentimientos, las costumbres, las tradiciones, los mitos, los rituales, los artefactos culturales de una sociedad (lenguaje, jergas, dichos, historias, rituales, símbolos, etc.), sus representaciones simbólicas (materiales e inmateriales), sus modos de vida, los pensamientos comunes, las experiencias compartidas, el aprendizaje común y las expectativas del individuo frente a la sociedad y viceversa”.

Diríamos entonces que se entiende por cultura ciudadana la aceptación de ciertas normas y valores por parte de los habitantes de una localidad, quienes con agrado las comparten, sabiendo que todos los ciudadanos tienen derechos y obligaciones dentro de la sociedad en la que viven.

Pero hay una gran diferencia entre Bogotá y Neiva. Bogotá es la ciudad inmensa donde confluyen gentes de todo el país y del extranjero, donde hace mucho tiempo “los cachacos” bogotanos, ala, perdieron su condición de “raizales” porque fueron desplazados en su mismo territorio por una avalancha de millones de personas con diferentes costumbres y culturas. Los habitantes de Bogotá perdieron su sentido de pertenencia, que el alcalde Mockus intentó revivir.

Neiva es diferente, o debería ser diferente… Porque la cultura ciudadana de Neiva se debería entender como ese conjunto de costumbres locales, de reglas autóctonas, de acciones y de actitudes, que los individuos de esta comunidad “opita” deberíamos compartir como requisito mínimo indispensable para poder convivir en armonía y sentirnos orgullosos de pertenecer a esta bella ciudad  que ya se acerca a los quinientos mil habitantes y que hasta hace poco tiempo era nuestro pueblo querido.

Podemos afirmar que la cultura ciudadana se transmite cuando fomentamos, por ejemplo, el cuidado de los bienes de la ciudad, sus parques, sus plazas, sus monumentos,  las paredes de las casas y de los edificios. Cuando respetamos el descanso de nuestros vecinos y evitamos las fiestas ruidosas y las riñas. Cuando respetamos las normas de tránsito y no cometemos las absurdas infracciones a que estamos acostumbrados los neivanos, tales como no respetar las señales de tránsito.

Para muchos ciudadanos de Neiva la luz amarilla del semáforo pareciera ser una incitación para apretar el acelerador y pasar volando en “amarillo oscuro” es decir, pasarse el semáforo en rojo. Desde los vehículos y las motos se arroja basura a la calle y los peatones colaboran también activamente a la suciedad de la ciudad. Conducir en estado de embriaguez pareciera ser un deporte citadino. Y no lo digo yo, lo dicen las estadísticas de los comparendos. A cada rato vemos motociclistas irresponsables conduciendo con botellas de licor en una mano con su parrillero también alicorado. Los peatones cruzan por donde les viene en gana, sin percatarse del peligro a que se exponen y al que exponen a los conductores. Los buses no respetan los paraderos, en fin, haga Ud. su propia lista de las acciones que forman parte de nuestra incultura ciudadana.

Los expertos dicen que la ley, la moral y la cultura, son tres sistemas regulatorios que funcionan con relativa independencia. Que el más exigente de todos es la moral, seguido por la cultura y finalmente por la ley. En este sentido, conforme a los planteamientos de Mockus, solo debería aplicarse la ley cuando fallan las barreras de la moral o de la cultura. Las personas tienden a ser limitadas, reguladas y disuadidas más por su propia moral y por las reglas culturales de su comunidad  que por el temor a las sanciones legales. Pero aquí, para nuestra propia vergüenza, no estamos limitados, regulados ni disuadidos. Ese conjunto de actitudes, costumbres, acciones y reglas mínimas compartidas por los individuos de una comunidad, que permiten la convivencia y generan sentido de pertenencia parecieran no existir.

Esa visión positiva de convivencia que contempla la tolerancia y el aprecio por la no violencia, la capacidad de celebrar y cumplir acuerdos, el cumplimiento de la ley, la confianza o expectativa de cooperación de los demás y el interés por lo público, tampoco pareciera existir. El Diario del Huila en su edición del pasado 18 de julio, afirma: “En Neiva la cultura ciudadana se ve empañada por aquellos actores que de una u otra forma hacen caso omiso al cumplimiento de las reglas de convivencia ciudadana”.

En pocas palabras, no tenemos cultura ciudadana.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Pues buscar una política pública orientada a incrementar el bienestar de los ciudadanos a través del cambio de comportamientos colectivos de parte de los mismos. Buscar la responsabilidad compartida acerca de lo público, entendiendo que no sólo el Estado es el responsable del bienestar de sus ciudadanos, o de luchar contra la corrupción y garantizar el cumplimiento de la ley, sino que se debe incentivar en los neivanos su enorme potencial de cooperación, de manera voluntaria, para lograr así el comportamiento y la actitud de la gente que sea congruente con lo que llamamos “Cultura Ciudadana”.