Navidad, Navidad
Amadeo González
Los colombianos y los venezolanos vivimos una crisis económica y social muy afín, con muchas semejanzas enfrentadas: una supuesta paz o acuerdo de convivencia y una presunta organización social de protección a las comunidades que no se dan y que se trastocan por el aumento desmesurado de beneficios sociales o prebendas a las clases menos favorecidas, que terminan por generar resignación e impotencia, donde se silencian todas las formas de protesta social o busca acallar a quienes denuncian las atrocidades y barbaridades del gobierno mismo.
La reforma tributaria enfrentada a una discusión sobre el salario mínimo, con el ruego de la ministra que pide a los trabajadores a ponerse en el papel de los inversionistas o de los potentados del capital, para considerarlos y perdonarles su desprecio a la clase trabajadora, ha de propiciar la economía de aquellos que procuran empobrecer más y más a la clase media y beneficia al capital, en tanto que en el otro país, una inflación superior al seiscientos por ciento y una pérdida del valor adquisitivo de la moneda, van de la mano con la crisis interna con la complacencia de las fuerzas armadas que han sido revestidas de todos los poderes con el argumento de una falsa democracia y un liderazgo que subyace en el recuerdo de la memoria del líder ya desaparecido.
Tras estas semejanzas de poder, es hora de revisar cómo la clase política va de engaño en engaño hacia los electores, una promesa de que nunca aumentaría el valor de los impuestos, y la complacencia cómplice de los congresistas en la aprobación de las mismas, hacen parte de esa política de distracción y engaño que emana de lo más profundo de toda la clase política tradicional colombiana, que ha regentado el poder público y se ha repetido por siempre las migajas del poder, desde el más insignificante funcionario público de un pueblo cualquiera de Colombia, al igual que en las más altas dignidades de la República.
Mientras esto sucede, nuestro país, que cuenta con el abstencionismo como símbolo de su indiferencia o desengaño, termina convalidando todas las teorías de desprestigio y de abuso del poder por parte de quienes direccionan nuestra economía y legislan en nuestra patria, en tanto, la corrupción y todas las formas de apropiación del recurso estatal, se direcciona en favor de contratistas, y de subsidios que lleva a los grandes desfalcos que a diario solo sirven de argumento para que los medios de comunicación, terminen siendo beneficiarios de contratos y publicidad de una trasparencia que nunca ha existido para mitigar el dolor y la angustia del pueblo colombiano
En esta temporada de las fiestas paganas que se repiten desde los tiempos del imperio romano y se suceden año tras año en el solsticio de invierno, cuando se acentúa la oscuridad del día y de la noche en las saturnalías o carnavales en honor al Dios Saturno, pero que con el paso del tiempo, terminó por fijar una fecha arbitraria para conmemorar el nacimiento de Jesús de Nazareth, como la Navidad de los cristianos, no es en los actuales momentos propicio para que nuestros pueblos tengan augurios de fe y esperanza, sino que es un momento de angustia y de incertidumbre por el incremento de todas las formas del costo de vida, que muy pronto se traducirá en formas violencia y de indiferencia ciudadana, ante la burla política de que siempre hemos sido víctimas.
En medio de todo este porvenir grotesco al que nos lleva la clase política colombiana, tratemos de pasar unos momentos de tolerancia y de respeto por el otro, en sana convivencia por éstas costumbres.
