Narrar la historia sin resentimientos
Froilán Casas
La sabiduría del Vaticano amasada y corregida a lo largo de dos milenios, tiene como norma que los archivos pontificios solo se pueden consultar después de cien años de haber ocurrido los acontecimientos. Los testigos oculares o los investigadores de la época, corren el riesgo de hacer la hermenéutica de los hechos históricos con el sesgo de los afectos o desafectos. Esto ideologiza la historia y los prejuicios son mayores. El ser humano es intencionada o malintencionadamente, muy limitado. Cada uno maneja ciertos intereses. Encontrar una persona libre es casi imposible. El libre es quien está despojado de toda ambición. Cada uno lee los hechos de acuerdo con su propia óptica política, religiosa, cultural y social. El ideal es narrar con independencia. Pregunto: ¿quién es independiente? ¡Ah! En este mundo ¡cómo se manejan intereses! Ordinariamente los malos gobernantes se rodean de bufones y no miran más allá de su ambiente cortesano. El historiador honesto, analiza y en forma sosegada presenta los hechos para que los juzgue el lector. Un buen historiador no puede tomar partido. No sin razón se afirma que la historia la escriben los triunfadores. Entonces, ¿quién es el malo del paseo? Por favor no seamos inmediatistas, analicemos con calma y veamos los pros y los contras de cada hecho. Nada existe químicamente puro. Los grandes hombres han tenido asquerosos defectos. Por favor, no endiosemos a nadie. En nuestra historia patria vivimos mostrando modelos de líderes en lo político, en lo religioso, en lo artístico, en lo académico, en lo deportivo, etc. ¡Ah! Pero su vida, su conducta, ¡un desastre! Con frecuencia han sido unos truhanes con su familia y con su entorno social. Admiremos lo bueno y no presentemos a tales “personajes” como referentes para las nuevas generaciones. Hay muchos que han sido tristemente célebres. Por favor, no narremos los hechos con odio para despertar nuevos resentimientos en la juventud que está desprevenida de odios e intereses partidistas. Lo pasado no tiene arreglo. El pasado sirve como referente para no cometer los mismos errores. Por favor, no sembremos en los niños las reservas étnicas y políticas que tengamos. Despojémonos de toda animadversión y saborearemos una cultura de respeto por las diferencias. Nadie pretenda lavar a su partido político, a su religión, a su cultura, de tanta barbarie que se ha cometido aquí y allende los mares. Leamos la historia con objetividad, superemos toda clase de prejuicios. Leamos la historia cerrando los ojos del sectarismo y de las pasiones; veamos la alegoría de la justicia que vendados los ojos toma la balanza y da el fallo sin prevaricatos. Es fácil mirar los toros desde la barrera, ¿por qué no se mete al ruedo a ver cómo lo hace usted? Hay gente que vive con el deber ser y no aterriza en el ser. Hay gente que piensa con el deseo y no se baja de la nube de sus especulaciones fantasmagóricas. Narre los hechos en blanco y negro y deje que el lector juzgue desapasionadamente; no lo condicione. Vea la película en frío, en caliente prima la pasión a la razón.
