Más sobre los testigos falsos
Por Jorge Eliseo Cabrera Caicedo
En dos columnas escritas el año pasado hicimos mención al libro “El falso testimonio”, escrito por el destacado jurista Luis Gustavo Moreno Rivera, en donde presentamos los casos más relevantes de Colombianos que han sido víctimas de falsos testimonios de delincuentes que han pretendido aprovecharse del sistema penal acusatorio, que estableció incentivos para quienes colaboraran con la justicia, con el ánimo de buscar mayor celeridad del proceso penal. Lamentablemente los “beneficios se devolvieron en contra del propio Estado, en contra de la propia justicia y ahora son un obstáculo por que no permiten que haya aplicación de justicia”, así lo afirma la ex Senadora Nancy Patricia Gutiérrez en la entrevista que aparece en el citado libro. Relata ella cómo en la Ley de Justicia y Paz se hizo énfasis en que se requería que hubiera verdad, reparación para las víctimas y justicia, pero el elemento de la verdad se desvió e hizo prácticamente inútil este mecanismo.
Dice más adelante: “hoy en día, por el hecho de haber sido víctima de las declaraciones que lleven injustamente a desviar la investigación y que no permiten la aplicación debida y correcta de la justicia, como debe ser, pienso que se necesita una reforma urgente. La prueba principal en una investigación no debe ser el testimonio, la investigación debe vincular varias pruebas, ojalá varias pruebas técnicas, que lleven a una certeza y que a una persona se le condene porque hay varias pruebas fehacientes y reales que demuestran o que puedan complementar un testimonio. También debe existir la posibilidad de declarar inocentes a aquellas personas a las que no se les pruebe probar algo porque una demora causada por una secuencia de testigos falsos lleva a una violación fragante de los derechos humanos, pues tiene que ver con el desconocimiento inclusive al debido proceso, al derecho al trabajo, a la libertad de expresión, a la libertad”.
Señala que en su caso concreto, hubo muchas personas que acudieron a dar testimonios que no correspondían a la verdad con el fin de buscar unos beneficios de carácter privado, de carácter personal, como cambios de cárcel, inclusión en el programa de testigos, inclusive buscando protección para las familias. Cuenta cómo pudo cuestionar el testimonio de una persona que había violado a su hermana menor de edad. Cuestiona que las condiciones psicológicas y sociológicas no daban para que los testigos no generaran ninguna credibilidad. Insistió en la imperiosa necesidad de la reforma a la justicia, en la valoración de la prueba y la formación de vida de los investigadores. Destacó la medida adoptada por la Fiscalía General de la Nación de crear la “Unidad de Falsos Testigos” que permitirá la sanción y condena para quienes se les demuestre culpables de falso testimonio. Dijo finalmente, que así como la década de los 80 fue la época del sicariato, a partir del año 2000 nos hemos visto sometidos al sicariato moral, con testigos falsos.
¿Hasta cuándo tendremos que esperar la reforma a la justicia?
