Muy mal, Héctor Aníbal
José Israel Charry Calderón
La indisciplina social es, por desgracia, una impronta de la mal llamada ciudad de Neiva. La movilidad de los vehículos oficiales, particulares, de servicio público, las motocicletas, las mototaxis, las bicicletas, genera todo tipo de caos a lo largo del día y del perímetro urbano. El parqueo de los automotores en sitios prohibidos, la contaminación auditiva generada por los miles de carros y motos que aturden con sus pitos y sirenas, hacen insoportable la vida para peatones, los mismos conductores y el ciudadano que está en su residencia, oficina o establecimiento de negocios. Como si todo lo anterior fuera poco, hay que agregar la irresponsabilidad de la mayoría de peatones que no respetan la señalización que hay en algunas calles, y menos, los semáforos. La pregunta obvia es: ¿y qué hacen las autoridades? Y la respuesta es: nada. En los últimos veinte años que llevo en Neiva, no he conocido la más mínima acción de gobierno alguno para educar a la población en la materia de que me ocupo. La indiferencia, la irresponsabilidad ha sido total por parte de los alcaldes y sus secretarios de tránsito o movilidad. La excusa ahora es que no hay recursos. Eso no resuelve nada. ¿Por qué no se procura una alianza con el sector privado, vía responsabilidad social, que trae consigo compensaciones por exención de impuestos? Convoquen a la academia, a los gremios, a la Policía, al Ejército, para que todos trabajen en una intensa campaña educativa que lleve a la población a parecerse a la de una ciudad civilizada, moderna, decente, respetable.
¿Y esto qué tiene que ver con el título de la columna?, se preguntará el lector. Mucho. Lo primero es reiterar que la indisciplina social, la falta de cultura ciudadana no tienen distingo de clase, edad, género, religión o política. El más claro ejemplo de ello lo dio este lunes hacia la media mañana, frente al Hotel Plaza, el señor, señor no, el ingeniero Héctor Aníbal Ramírez. Sin importarle nada, estacionó allí su flamante camioneta blanca, cuatro puertas, distinguida con la placa HGK-397. Poco le acompañó la fortuna en esta ocasión y fue requerido por el agente de tránsito que portaba una chaqueta con el distintivo 0079. No valieron las excusas, los antecedentes, ni la mediación de su copartidario Ramiro Falla.
En la Secretaría de Movilidad debe estar haciendo trámite el respectivo parte. Esperamos que el titular de ese despacho informe sobre el final de esta operación, porque el mal ejemplo no debe ser la constante.
