jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-12-26 07:19

Mundana Navidad

Por Ernesto Cabrera Tejada

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 26 de 2014

Los buenos augurios de la gente buena, casi todos, no escapan los actos mundanos, las manifestaciones del afán mercantil.

Pasear Neiva en su iluminada y elísea avenida de la Toma, es un encanto, el alumbrado normal, puesto con afecto y de gran distracción, se suman alegres caravanas musicales, novenas, desfiles etc. y ello es maravillosamente aceptable, lo otro es el desconcierto que se produce en la zona céntrica, al parque central le recuperaron en especies ambientalmente viables, horrorosas  cercas colocadas alrededor y sobre el borde de cada jardín matera, ya algún sector ha sido intentado doblar para robarlo…y eso va a pasar,  en medio de una obra buena un zaperoco de vendedores y una piscina de plagas y epidemia su fuente luminosa.

Ahora no solo el comercio informal, los formales que dicen son dueños de la mayoría informal también se les han permitido extender sus mercados en abierto atentado a la libre movilidad y seguridad.

El almacén Éxito de la carrera quinta presenta una horrible carpa a su ingreso con mercancías de descuento, rompiendo la estética y  vulgarmente atentando la arquitectura de su edificio, enfrente las comercializadoras de motos usurparon peatonales, un almacén de ropas no tiene problema en lucir un destartalado estand y que decir de los puestos de comida callejera  ventas de cerveza y café en desvencijadas terrazas de atractivo al descanso y servicio pero en desorden y desaseo.

Al unísono de los semáforos, los pitos de taxistas mal trajeados y conductores de colectivos enloquecidos, motociclistas suicidas y peatones asustados en medio del alboroto y el caos vehicular en general.

El fervor navideño cada día es mayor y las celebraciones católicas  emergen con gran esfuerzo por insistir desde Roma en la no mundanidad. Pre­ci­só el Papa que cuan­do las per­so­nas sien­ten el de­seo de ser más bue­nas, se sien­ten arre­pen­ti­das por al­gu­nos de sus ac­tos, es ahí cuan­do "el se­ñor pa­sa" por­que "te ha­ce sen­tir el de­seo de ser me­jor, el de­seo de es­tar más cer­ca de los de­más" y por eso "no hay que de­jar­lo pa­sar". Ello justamente sucede aquí sólo que aún sobreponemos lo material a lo espiritual.