Muerte al periodismo
Cada que asesinan un periodista se disminuye la consciencia de una sociedad. Con la muerte de un comunicador se apagan las posibilidades de democracia y se agrava la posibilidad de ver a una sociedad libre.
Ayer se supo de la muerte de Flor Alba Núñez Vargas, una joven de 28 años de edad que fue baleada ayer en Pitalito. Lamentable el hecho y desde todo punto de vista reprochable, pero más ahora cuando se supone que la sensatez y las buenas costumbres deben sobresalir en cualquier lugar.
Este hecho punible demuestra que la sociedad está enferma y que los periodistas en nuestro país no gozan de seguridad. Casos hay a granel para recordar, Diana Turbay, Orlando Sierra, Jaime Garzón, entre otros del ámbito nacional.
El último registro de periodista asesinado fue el huilense Luis Antonio Peralta, asesinado el 16 de febrero de 2015 en el municipio de El Docello en el vecino departamento de Caquetá. Su esposa, que resultó herida en el hecho, dos meses después murió.
Es de recordar que en este municipio también fue asesinado el periodista Nelson Carvajal Carvajal. Pero en el Huila también es recordado el periodista Guillermo Bravo, quien por sus severas denuncias, fue señalado y finalmente asesinado.
De modo que es evidente que hay vulnerabilidad en la seguridad de los comunicadores y esto debe ser evitado a como dé lugar por las autoridades.
Por otro lado, este caso no debe quedar impune como ha sucedido con otros profesionales de esta área en el Huila y el país. Ya es hora que la libertad (el segundo bien más preciado después de la vida) se haga valer plenamente.
Desde ya nos unimos a la Policía Nacional quien ofreció $70 millones a quien dé información sobre los responsables de este asesinato.
