Mueren de hambre
Es vergonzoso que en el mundo de la tecnología y de la globalización, en Colombia mueran niños de hambre.
Esta no es la primera vez que lo advertimos en esta ventana editorial. Ya han sido varias las oportunidades en que cuestionamos la forma como vienen siendo tratados niños y adultos en dos departamentos, especialmente Chocó y La Guajira.
De acuerdo con las cifras oficiales del Ministerio de Salud, a 2013 (las más recientes), en ese departamento 35 de cada 100.000 niños mueren por desnutrición aguda severa. La cifra está incluso por encima de La Guajira, donde 32 de cada 100.000 fallecen por esa causa.
De modo que el panorama es fatalista pero cierto. Pero además vergonzoso en un país que ha perdido la memoria y la sensibilidades hacia los problemas propios.
Ante la escasez y los altos niveles de pobreza, al Chocó llegaron muchas entidades a solventar la crisis humanitaria que se ha vivido por años en el departamento, pero los alimentos que llegan y no son los de la dieta básica de los habitantes de esta región, ni los culturalmente aceptados. Aunque pareciera extraño, las comunidades afro y las indígenas no están enseñadas, por ejemplo, a comer lentejas.
El desempleo es el más alto del país: 14,6%, el doble del promedio nacional establecido por el DANE en noviembre del 2015, en 7,3%. A los pobladores de las zonas rurales no les queda más remedio que emplearse en la minería ilegal, así tengan que arriesgar su vida.
En el 2013, disminuyeron considerablemente las lluvias en La Guajira. Y en esos mismos años, según reportó el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), los menores de 5 años fallecidos por desnutrición aumentaron en diez casos, pasando de 33 a 43, casi un niño más muerto cada mes de ese año. A menos lluvias, menos agricultura y más animales muertos.
Mientras todo esto sucede, el país recuerda 15 años del inicio de un Plan Colombia que no ha acabado con el narcotráfico y que ha dejado secuelas e inconformismo entre muchos connacionales.
